José “el Mellizo” Orellana, histórico dirigente peronista de Tucumán, volvió a aparecer en escena, pero no desde un cargo público: ahora se muestra como expositor en charlas de motivación y liderazgo.
El dato choca de frente con su pasado reciente. Orellana fue condenado por abuso sexual contra una secretaria mientras era diputado nacional, con una pena de tres años en suspenso e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
Esa condena lo dejó afuera de la política formal. Sin banca, sin cargo y sin posibilidad de volver al Estado.
Pero no desapareció.
En las últimas horas reapareció en actividades vinculadas a Famaillá, donde participa dando charlas sobre liderazgo, valores y superación personal.
Ahí es donde se genera la polémica: un dirigente peronista condenado por abuso sexual hablando de liderazgo.
Aunque él mismo insiste en que “sigue haciendo política”, la realidad es otra: quedó corrido del sistema institucional por decisión judicial, no por voluntad propia.
La discusión de fondo ya está instalada: hasta dónde pueden volver al espacio público figuras con este tipo de condenas, y bajo qué rol.
Porque una cosa es salir de la política… y otra muy distinta es reaparecer dando lecciones.
