El diputado nacional por Tucumán, Mariano Campero, quiere mostrarse como posible candidato a gobernador. Sin embargo, su proyección viene acompañada de cuestionamientos cada vez más fuertes dentro y fuera de su espacio político.
Hoy se vió envuelto en cuestionamientos tras firmar un juramento de mejora en un barrio llamado “La Aguadita” en Las Talitas junto al concejal Miguel Ramos. Una promesa más que se irá al fondo del tacho olvidada
Campero repite un esquema bastante conocido en la política: prometer transformación, hablar de un “nuevo rumbo” y después no sostener con hechos el discurso. Durante su etapa al frente del municipio de Yerba Buena acumuló apoyo, pero también reclamos por obras inconclusas y anuncios que no tuvieron el impacto prometido.
El malestar también se siente en sectores de la Unión Cívica Radical que no ven con buenos ojos sus movimientos recientes ni su tendencia a despegarse del sello partidario cuando el contexto político cambia. Para algunos, esa actitud refleja más cálculo electoral que convicción ideológica.

En un escenario provincial complejo, Campero intenta mostrarse como alternativa fuerte, pero todavía no logra consolidar una estructura sólida ni un respaldo contundente. La sensación que sobrevuela es que busca reinventarse rápidamente para no quedar fuera de la discusión grande.
En Tucumán, donde las promesas de campaña suelen acumularse elección tras elección, muchos votantes miran con desconfianza. Y en política, cuando la credibilidad empieza a erosionarse, no alcanza con cambiar el tono: hace falta algo más concreto que palabras.
