La política tucumana vuelve a exhibir su verdadero rostro: mientras en público se venden como adversarios irreconciliables, en privado los dirigentes de siempre se reconocen, se elogian y se cuidan entre ellos. La relación entre el radical Mariano Campero y el peronista Javier Noguera deja en evidencia que la grieta no es más que un relato para la tribuna, una puesta en escena destinada a la gente, mientras la casta política sigue funcionando como un mismo círculo cerrado donde, al final del día, todos se conocen y todos son amigos.
En declaraciones recientes, Campero analizó la situación interna del peronismo tucumano y puso el foco en una figura puntual: Javier Noguera. “Me parece que es un jugador con discurso y lo hace con cierta convicción. Él es alguien que piensa lo que está diciendo”, afirmó, destacando un perfil que consideró poco habitual dentro de un peronismo local más acostumbrado a mensajes pragmáticos que ideológicos.
El dirigente radical también subrayó que la vinculación de Noguera con Cristina Fernández de Kirchner y ese sector del peronismo no es circunstancial ni oportunista. “Su relación con Cristina o con ese espacio la tiene desde hace muchos años”, sostuvo, y dejó entrever que ese anclaje político podría posicionarlo como una figura competitiva en el próximo proceso electoral.
Las declaraciones no pasaron inadvertidas en un escenario donde los alineamientos parecen mucho más flexibles de lo que indican los discursos públicos. Radical y peronista, Campero y Noguera exhiben cómo las fronteras partidarias se diluyen cuando entran en juego afinidades personales, lecturas compartidas y las viejas prácticas de la política.
Mientras hacia afuera se alimenta la confrontación y se declama la grieta, hacia adentro se repite una lógica conocida: dirigentes que se critican en público, pero se respetan, se elogian y se entienden entre ellos. La grieta, una vez más, queda reservada para la tribuna. En la práctica, la realidad demuestra que no son tan distintos como dicen y que, más allá de los colores partidarios, la casta política suele funcionar como un mismo club de siempre.
