En 2024 nacieron 413.135 bebés, frente a los 777.012 registrados en 2014. La caída fue del 46,8% y ya comienza a impactar en jardines, maternidades y distintas áreas del sistema de salud.
La natalidad argentina atraviesa una transformación profunda. Según los datos de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), en 2014 nacieron 777.012 bebés, mientras que una década después la cifra se redujo a 413.135. Son 363.877 nacimientos menos por año, lo que representa una caída del 46,8%.
La diferencia también puede observarse en la vida cotidiana. En 2014 nacían unos 2.128 bebés por día, mientras que en 2024 fueron alrededor de 1.131. Todas las provincias registraron descensos, aunque las tasas más bajas se encuentran en la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, con 6,9 nacimientos cada mil habitantes.
El cambio también acercó de manera significativa la cantidad de nacimientos a la de defunciones. En 2014 habían nacido 777.012 personas y fallecido 325.539, mientras que en 2024 se registraron 413.135 nacimientos frente a 376.405 muertes. La diferencia fue de apenas 36.730 personas.
Esta situación no se explica por un aumento generalizado de la mortalidad. Por el contrario, las tasas de mortalidad infantil, neonatal y postneonatal se encuentran en niveles históricamente bajos. El principal factor detrás del estrechamiento de la brecha es el fuerte descenso de los nacimientos.
Los especialistas señalan múltiples causas detrás de esta transformación. Entre ellas aparecen la postergación de la maternidad, el mayor acceso a la educación y a métodos anticonceptivos, las dificultades económicas para criar hijos y los cambios en las prioridades y estructuras familiares.
Argentina forma parte, además, de una tendencia regional. América Latina y el Caribe atraviesan un marcado descenso de la fecundidad y el promedio regional se ubica actualmente en torno a 1,8 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional estimado en 2,1.
Las consecuencias ya comienzan a sentirse en distintos sectores. La población argentina de entre 3 y 5 años cayó alrededor de un 31% en una década, de 2,3 millones a 1,6 millones de niños. Esta reducción impacta directamente sobre la matrícula de jardines y establecimientos educativos.
El sistema sanitario también enfrenta cambios. La menor cantidad de nacimientos reduce la demanda de maternidades y servicios de neonatología, mientras que algunas instituciones privadas comenzaron a cerrar unidades que dejaron de resultar sostenibles. A esto se suma una menor cantidad de estudiantes y profesionales interesados en especialidades vinculadas con la atención de embarazos y recién nacidos.
Si la tendencia continúa, Argentina podría acercarse a un escenario de crecimiento poblacional nulo y eventualmente comenzar a perder habitantes. En ese contexto, la inmigración podría convertirse en uno de los factores determinantes para compensar el envejecimiento y la reducción de la población activa.
El desafío demográfico, por lo tanto, no se limita a la cantidad de bebés que nacen cada año. La caída de la natalidad modifica la estructura de la sociedad, reduce progresivamente la población joven y aumenta el peso relativo de los adultos mayores, con consecuencias potenciales sobre la educación, la salud, el mercado laboral y el sistema previsional.
