El pasado miércoles 9 de julio, un hecho de vandalismo sacudió a la Capilla Espíritu Santo: un sujeto ingresó al templo y se llevó una cruz de bronce de gran valor simbólico. El hecho generó indignación entre los fieles, que lo consideran un ataque a la fe y a la comunidad.
El episodio ocurrió por la mañana, alrededor de las 10, cuando la encargada del lugar advirtió la rotura de ventanales y la ausencia del crucifijo, que medía aproximadamente 50 centímetros. Más allá del valor material, se trata de una pérdida espiritual: la cruz acompañaba desde hace años las celebraciones litúrgicas, la catequesis de niños y jóvenes, y distintas actividades pastorales.

“La sustracción de esta cruz no es un simple robo: es un ataque a lo más profundo de nuestras creencias”, expresaron desde la comunidad. Sebastián Gil Olivares, vocero parroquial, confirmó a medios locales que la denuncia fue radicada en la Comisaría de Tafí Viejo Centro, desde donde ya se inició una investigación policial.

El hecho generó indignación y preocupación por la falta de seguridad incluso en espacios sagrados. Desde la parroquia se pidió colaboración para recuperar el objeto robado y también elevar oraciones en este momento de tristeza.

A medida que se acumulan este tipo de delitos, crecen también los reclamos por mayor presencia del Estado y respuestas urgentes frente a una ola de inseguridad que, esta vez, no respetó ni lo sagrado.
