La senadora peronista, Sandra Mendoza, propuso frenar el plan de recortes del Ejecutivo nacional, sin asumir responsabilidades por los 38 años de gestión ininterrumpida de su partido en una provincia marcada por la pobreza, la desinversión y el deterioro institucional.

En medio del debate parlamentario por las políticas del gobierno nacional, Sandra Mendoza criticó el plan de ajuste impulsado por el presidente Javier Milei y llamó a “frenar la motosierra antes de que destruya todo”. Sin embargo, sus declaraciones despertaron polémica por omitir cualquier referencia a la responsabilidad del peronismo, fuerza política que gobierna Tucumán desde la vuelta de la democracia en 1983, acumulando casi cuatro décadas de conducción provincial.
Mendoza apuntó contra los recortes en organismos como el INTA y Vialidad Nacional, y alertó sobre el impacto en las economías regionales. “Las fábricas están paradas, muchas trabajan a media máquina”, dijo. Sin embargo, evitó mencionar que esas problemáticas estructurales, como la falta de infraestructura, la presión fiscal local o la escasa competitividad, se profundizaron durante gestiones encabezadas por su propio espacio político.
En otro tramo de la entrevista, denunció una “falta de diálogo con las provincias”, pese a que la Constitución establece con claridad que áreas como salud y educación son responsabilidad directa de los gobiernos provinciales. En ese sentido, resulta llamativo que la senadora señale ahora las consecuencias de los recortes sin haber alzado la voz semanas antes, cuando miles de alumnos tucumanos perdían días de clase por escuelas sin calefacción, infraestructura deficiente o servicios básicos como baños y agua potable en condiciones.
La discusión sobre el rol del Gobierno nacional en áreas que corresponden a las provincias vuelve a poner en el centro el debate sobre el federalismo: el Ejecutivo puede asistir en situaciones excepcionales, pero no reemplazar a los gobernadores en funciones que son propias por ley y por Constitución.
En lo político, Mendoza valoró el acercamiento con el gobernador Osvaldo Jaldo como un “primer paso” hacia la unidad del peronismo tucumano, aunque aclaró que no planea postularse este año. “No me gusta lo testimonial, pero voy a acompañar”, dijo. La declaración deja entrever un posible alineamiento con el oficialismo provincial, también conducido por el peronismo, responsable directo del estado actual de la provincia.
Tucumán enfrenta hoy índices críticos de pobreza, precariedad educativa y sanitaria, además de una creciente pérdida de empleo formal. La senadora instó a “recuperar el protagonismo del Congreso”, pero no mencionó ninguna autocrítica por los años en los que su bloque acompañó presupuestos sin discutir prioridades ni condiciones de ejecución.
Mientras en el Congreso se discuten reformas estructurales y se plantean límites al gasto público, el caso de Tucumán evidencia que gran parte del deterioro no es reciente ni atribuible a la gestión nacional actual, sino a décadas de administración provincial fallida.
