El Gobierno del presidente Javier Milei consolidó un hito en la política exterior de defensa, sellando el regreso estratégico de Argentina al mundo libre. Después de más de dos décadas de aislamiento ideológico y desinversión, la Armada Argentina finalizó con éxito el ejercicio combinado “Tridente” junto a la élite de la Marina de los Estados Unidos (Navy SEALs) en la Base Naval Mar del Plata.
La iniciativa no es solo una práctica; es una declaración de principios que pone fin a la política exterior populista del kirchnerismo. El entrenamiento, que se extendió entre el 25 de octubre y el 14 de noviembre, reunió a personal de la Agrupación Buzos Tácticos (APBT) con las fuerzas especiales más respetadas del planeta.

La interrupción de este tipo de ejercicios durante 24 años es la prueba más contundente del desfinanciamiento y la marginalización ideológica a la que las últimas administraciones sometieron a las Fuerzas Armadas, prefiriendo alianzas ideológicas con regímenes autoritarios antes que la profesionalización militar.
El objetivo del ejercicio fue claro: profundizar las capacidades operativas y fortalecer la protección de los espacios marítimos, un área clave donde la soberanía fue históricamente vulnerada.
A lo largo de tres semanas, ambas fuerzas especiales compartieron experiencias vitales y llevaron adelante maniobras destinadas a reforzar el trabajo conjunto en escenarios de alta complejidad. Las ejercitaciones tuvieron lugar en distintos sectores de la base, incluyendo el polígono de tiro, la Escuela de Submarinos y buques de la División Patrullado Marítimo.
Durante las prácticas, los equipos de ambas naciones ejecutaron técnicas de abordaje, desplazamientos dentro de buques y procedimientos de recuperación, junto con otros entrenamientos vinculados al accionar táctico en medios marítimos.
El ejercicio “Tridente” representa una oportunidad invaluable para avanzar en la estandarización de procedimientos, que busca alinear a la Armada Argentina con los protocolos de la OTAN, y para elevar la profesionalización del personal asignado a misiones de riesgo. Este intercambio de conocimientos técnicos es fundamental para dejar atrás décadas de obsolescencia.
Estas acciones contribuyen directamente a fortalecer las capacidades operativas destinadas al control y la defensa de los espacios marítimos, especialmente en tareas de patrullaje dentro de la Zona Económica Exclusiva. Se trata de poner la soberanía en acción, con medios y entrenamiento de punta, en lugar de solo en el discurso.
El cierre formal del ejercicio tuvo lugar durante una ceremonia encabezada por el Comandante de Fuerzas de Operaciones Navales Especiales de la Armada Argentina, Capitán de Navío Nicolás Waldo Pérez, y contó con la participación del Jefe de la Oficina de Cooperación Militar de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, Capitán de Fragata Stephen Rittermann. En el acto se realizó el tradicional intercambio de gallardetes, un gesto que simboliza el vínculo de cooperación.

El Ministerio de Defensa argentino utilizó su cuenta oficial en la red X para subrayar el valor del giro estratégico:
“Después de 24 años, nuestra Agrupación Buzos Tácticos volvió a adiestrarse con los Navy SEALs. Argentina vuelve a entrenar con los mejores del mundo. Abrimos nuestras puertas para modernizar, cooperar y llevar a nuestras Fuerzas Armadas al nivel que merecen”.
Esta iniciativa no solo es una victoria para la Armada, sino un mensaje al mundo: el gobierno de Milei prioriza la seguridad nacional, la alianza con Occidente y la inversión en el profesionalismo de sus Fuerzas, cerrando definitivamente el capítulo de la marginalización ideológica.
