El derrumbe electoral de la Unión Cívica Radical en Tucumán dejó al descubierto una crisis profunda dentro de la oposición tradicional. Con apenas el 8,1% de los votos y más de 290.000 sufragios perdidos respecto a las legislativas de 2021, el espacio encabezado por Roberto Sánchez quedó relegado al tercer lugar, muy lejos del Frente Tucumán Primero y de La Libertad Avanza.
Sánchez, visiblemente golpeado por los resultados, atribuyó su caída al “miedo kuka” y a la polarización nacional. Sin embargo, dentro del escenario político provincial, varios dirigentes remarcaron que el radicalismo tucumano también paga el costo de sus propias contradicciones.
Durante sus cuatro años como diputado nacional —mandato que finaliza el próximo 10 de diciembre—, Sánchez acompañó en reiteradas ocasiones votaciones junto al kirchnerismo, incluyendo su rechazo a los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) impulsados por el presidente Javier Milei a comienzos de su gestión.
El candidato libertario Federico Pelli fue uno de los que más criticó esta postura. “No se puede decir que se apoya el cambio y después votar igual que el kirchnerismo. Cuando Sánchez vota en contra de los DNU, vota junto al mismo sector que dejó al país quebrado. Eso no es oposición responsable, eso es ser funcional al peronismo”, señaló.
El contraste entre el discurso y la práctica legislativa de Sánchez alimentó el malestar dentro del electorado opositor, que en esta elección se volcó mayoritariamente hacia La Libertad Avanza. Los números son contundentes: mientras el radicalismo obtuvo 83.775 votos, el frente libertario alcanzó 363.725, consolidándose como la segunda fuerza provincial.
La fragmentación también jugó su papel. Aliados históricos del radicalismo, como Paula Omodeo y Germán Alfaro, compitieron por separado, debilitando aún más a Unidos por Tucumán. En su propio bastión de Chicligasta, Sánchez pasó de ganar con más del 54% en 2021 a quedar tercero con apenas el 30,27%.
Desde el entorno libertario señalan que el mensaje del electorado fue claro: los tucumanos respaldaron el cambio que impulsa el Gobierno nacional y castigaron a quienes se presentaron como opositores, pero votaron junto al kirchnerismo. “El país eligió un camino de transformación profunda, de orden y de libertad económica. Para que esas reformas lleguen a Tucumán, hacen falta dirigentes que las acompañen, no que las bloqueen por cálculo político”, advirtió Pelli.
Mientras el radicalismo intenta reordenarse tras la derrota, Roberto Sánchez enfrenta el cierre de su etapa en el Congreso con un saldo político adverso: una pérdida masiva de apoyo, un bloque partidario dividido y el peso de haber sido identificado por amplios sectores como parte del sistema que los votantes decidieron dejar atrás.
