Los casos de suicidio continúan en aumento en Tucumán y reflejan una problemática que preocupa a las autoridades sanitarias y a los especialistas en salud mental. Según datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), la provincia registró 227 suicidios durante 2025, alcanzando una tasa de 13,5 casos cada 100.000 habitantes, superior al promedio nacional, que fue de 11,8.
Las cifras muestran además un incremento respecto de 2024, cuando la tasa provincial era de 12,0. De acuerdo con especialistas del Sistema Provincial de Salud (Siprosa), parte de este aumento también responde a una mejora en los mecanismos de registro y notificación implementados en los últimos años, que permiten dimensionar con mayor precisión el alcance del problema.
La creciente demanda de asistencia también se observa en la línea telefónica 135, destinada a la prevención del suicidio y la atención de personas en crisis. Mientras en sus primeros años recibía poco más de un centenar de llamados mensuales, actualmente registra alrededor de 45 comunicaciones por día, lo que llevó al fortalecimiento del servicio con profesionales disponibles las 24 horas.
Desde el ámbito de la salud mental coinciden en que el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal, en el que intervienen factores psicológicos, familiares, sociales y ambientales. También advierten que la mayor cantidad de intentos se concentra entre adolescentes y jóvenes, una etapa especialmente vulnerable por los cambios emocionales, los conflictos personales y la construcción de la identidad.
En ese contexto, los especialistas destacan que el entorno familiar constituye uno de los principales factores de protección. Mantener una comunicación abierta, generar espacios de escucha, acompañar emocionalmente a los hijos y detectar cambios de conducta pueden ser herramientas fundamentales para intervenir antes de que una crisis se agrave. La presencia activa de la familia y de adultos de referencia suele ser determinante tanto para la prevención como para el acompañamiento durante un tratamiento.
Otro aspecto que genera creciente preocupación entre profesionales de la salud es el impacto que tienen las pantallas y las redes sociales sobre el bienestar emocional de los adolescentes. Si bien no constituyen una causa única de los problemas de salud mental, diversos estudios sostienen que el uso excesivo de estas plataformas puede favorecer la ansiedad, la baja autoestima y la comparación constante con modelos de vida difíciles de alcanzar.
Las redes sociales suelen mostrar únicamente los momentos más exitosos o felices de cada persona, construyendo una imagen de perfección que rara vez coincide con la realidad. La exposición permanente a ese tipo de contenidos puede generar frustración, sensación de fracaso y la percepción de que la propia vida nunca es suficiente, especialmente en jóvenes que aún están formando su personalidad y su autoestima.
A ello se suma la sobreestimulación permanente que producen los dispositivos electrónicos, con contenidos diseñados para captar la atención durante horas. Especialistas advierten que este fenómeno puede afectar la capacidad de concentración, alterar los hábitos de descanso y reducir el tiempo destinado al contacto cara a cara con familiares y amigos, vínculos considerados esenciales para el desarrollo emocional.
En paralelo, los profesionales también alertan sobre la relación entre los problemas de salud mental y los consumos problemáticos. Datos de la SEDRONAR indican que casi siete de cada diez estudiantes secundarios tucumanos consumen alcohol, con edades de inicio cada vez más tempranas, una situación que puede potenciar cuadros de depresión, ansiedad y otras conductas de riesgo.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en que la prevención requiere un abordaje integral. Promover el diálogo dentro de las familias, fortalecer los vínculos afectivos, fomentar un uso responsable de las tecnologías, acompañar a los jóvenes en sus dificultades cotidianas y consultar con profesionales ante los primeros signos de alarma son algunas de las principales herramientas para reducir el riesgo y favorecer una intervención temprana.
