El mundo del rock llora la muerte de uno de sus íconos más irreverentes y carismáticos: Ozzy Osbourne falleció a los 76 años, según confirmó su familia. El llamado “Príncipe de las Tinieblas” —el mismo que fundó el heavy metal junto a Black Sabbath y construyó una leyenda hecha de excesos, redenciones y música inmortal— murió apenas 17 días después de ofrecer su último show, un espectáculo cargado de emociones en el que reunió a la formación original de Black Sabbath y se despidió definitivamente de los escenarios.

Ozzy, que durante décadas pareció invencible, sobrevivió a una vida marcada por el abuso de sustancias, internaciones psiquiátricas, escándalos públicos y problemas de salud crónicos, como la enfermedad de Parkinson diagnosticada en 2019. A pesar de todo, se mantuvo activo hasta sus últimos años, lanzando su último disco solista en 2022 y ganando un Grammy al año siguiente.
Nacido en una familia obrera en Birmingham, Inglaterra, Osbourne tuvo una infancia difícil, marcada por el bullying, el abandono escolar y hasta un breve paso por prisión. Todo eso pareció quedar atrás cuando formó Black Sabbath junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward. Desde su primer álbum homónimo en 1970, seguido por clásicos como Paranoid y Master of Reality, la banda cimentó los cimientos del heavy metal y transformó a Ozzy en una figura de culto.
Pero con la fama llegaron también los excesos. Osbourne fue despedido de Black Sabbath en 1979 por su adicción a las drogas y el alcohol. Fue entonces cuando su vida personal y profesional dio un giro inesperado: conoció a Sharon Arden, su futura esposa y mánager, con quien formó una familia y logró volver a la cima como solista. Juntos protagonizaron el reality show The Osbournes, un caótico retrato familiar que lo acercó a una nueva generación de fans.

Pese a haber protagonizado episodios oscuros —como el recordado intento de estrangulamiento a Sharon durante un brote psicótico en 1989—, Ozzy encontró en su esposa una compañera incondicional. “Estaba más tranquilo que nunca”, recordó en su documental The Nine Lives of Ozzy Osbourne, al hablar del violento episodio. Sharon, por su parte, confesó que fue uno de los momentos más aterradores de su vida, aunque decidieron continuar juntos tras su rehabilitación.
En sus últimos años, a pesar de lesiones graves —como una caída que agravó heridas cervicales previas— y un contagio de COVID, Ozzy no abandonó la música. Su disco Patient Number 9 incluyó colaboraciones de leyendas como Eric Clapton y Jeff Beck, y lo reconectó con el espíritu creativo que siempre lo impulsó.
La despedida llegó el pasado 5 de julio, en Birmingham, su ciudad natal, durante el festival Back to the Beginning. En el escenario, sentado en un trono negro debido a sus problemas físicos, interpretó cinco temas junto a su banda solista. Cuando cantó “Mama, I’m Coming Home”, las lágrimas y la emoción se apoderaron del público y del propio Ozzy. “No tienen idea de cómo me siento. Gracias de todo corazón”, dijo visiblemente conmovido.
La noche culminó con la tan esperada reunión de Black Sabbath. Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward se unieron al vocalista para cerrar con cuatro clásicos: War Pigs, N.I.B., Iron Man y Paranoid. Al terminar el show, Ozzy anunció: “Es la última canción de la historia. Su apoyo nos ha permitido vivir una vida increíble; gracias de todo corazón”.
Como parte del legado del festival, las ganancias del evento se destinarán a organizaciones benéficas, incluyendo Cure Parkinson’s y hospitales infantiles, en lo que también fue un gesto final de generosidad por parte del ícono del metal.
El concierto será estrenado en cines como un testimonio final de la leyenda. Ozzy Osbourne se despidió como vivió: entre el aplauso ensordecedor de sus fans, envuelto en luces oscuras, riffs potentes y una historia que ya es parte de la mitología del rock.
