Con una inflación interanual del 39,4% registrada en junio, la Argentina dejó de figurar entre los tres países con mayores niveles de suba de precios a nivel global. Según el ranking elaborado por Infobae en base a datos oficiales de cada país, la economía nacional pasó a ocupar el sexto lugar, detrás de Venezuela (172%), Sudán (113%), Zimbabwe (92,5%), Palestina (51,4%) y Burundi (45,5%).
El dato, informado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), representa el índice más bajo desde 2022 y marca una tendencia de desaceleración que se profundizó desde el segundo trimestre de 2024. En julio del año pasado, la inflación interanual superaba el 260%, lo que da cuenta de una caída de más de 220 puntos porcentuales en menos de doce meses.
Este descenso sostenido se da en el marco del plan de estabilización impulsado por el Gobierno nacional, que desde diciembre de 2023 planteó como prioridad el equilibrio fiscal, la disciplina monetaria y la recomposición de precios relativos como ejes de su política económica. Desde el oficialismo destacan que, a pesar de la magnitud del ajuste aplicado, se logró contener la espiral inflacionaria sin recurrir a controles de precios generalizados.
Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Argentina podría cerrar 2025 con una inflación del 35,9% anual, lo que la ubicaría en el octavo puesto del ranking global, empatada con Turquía. Si bien el país aún se encuentra entre las diez economías más afectadas por la suba de precios, la tendencia indica una mejora relativa frente al panorama regional e internacional.
El contexto global y los desafíos locales
Mientras Argentina consolida cierta estabilidad, otros países enfrentan escenarios inflacionarios más críticos. En Venezuela, pese a haber salido técnicamente de la hiperinflación en 2021, la inflación interanual supera el 170%, y el FMI proyecta un cierre de 2025 con un 180%. En Sudán y Zimbabwe, los conflictos internos y las crisis estructurales empujan los precios a niveles muy por encima de los observados en la región.
A nivel doméstico, el gobierno argentino aún enfrenta desafíos significativos. La volatilidad cambiaria, con un dólar oficial que superó los $1.300 en julio, y la incertidumbre respecto a las reformas pendientes podrían influir en las expectativas del mercado en los próximos meses. No obstante, desde el Ministerio de Economía confían en que la continuidad del programa y la aprobación del paquete de leyes económicas permitirán consolidar el sendero descendente de la inflación.
Así, tras décadas de alta inflación y múltiples planes fallidos, el país se aleja —al menos de forma parcial— del podio global en materia de suba de precios. El proceso aún no ha concluido, pero la reducción sostenida del índice inflacionario constituye, para el oficialismo, un primer resultado concreto de su programa económico.

