Este martes comenzó en los Tribunales Penales de la Capital el juicio contra tres médicos acusados por la muerte de Matías Juárez, un niño de 8 años que falleció en octubre de 2016, luego de someterse a una cirugía programada de amígdalas y adenoides.
Los imputados son Álvaro Páez, otorrinolaringólogo a cargo de la intervención; Federica María Carolina Castro, médica de Terapia Intensiva; y Florencia María Jerez, también integrante de ese servicio. Los tres están acusados por el delito de homicidio culposo.
El debate está a cargo de la jueza Wendy Kassar, mientras que la acusación del Ministerio Público Fiscal es sostenida por la fiscal Marta Jerez.
Según la investigación, Matías ingresó el 20 de octubre de 2016 al Sanatorio San Lucas, en San Miguel de Tucumán, para una operación considerada de bajo riesgo. La cirugía se realizó entre las 11 y las 12.30, pero durante el procedimiento se produjo un sangrado en la garganta que, de acuerdo con la Fiscalía, no habría sido estudiado de manera adecuada.
Después de la intervención, el niño comenzó a presentar fuertes dolores de cabeza, dificultades para abrir los ojos, labios morados y un descenso de la temperatura corporal. Ante el deterioro de su estado, fue trasladado a Terapia Intensiva alrededor de las 13.30.
La Fiscalía sostiene que, pese a los signos de alarma y a las advertencias realizadas por la madre, no se habrían efectuado a tiempo los estudios complementarios ni las interconsultas necesarias para determinar el origen del cuadro.
Durante las horas siguientes, Matías sufrió episodios de vómitos con sangre y coágulos. Su estado se agravó hasta presentar un shock y dificultades respiratorias, por lo que debió ser intubado y conectado a asistencia respiratoria mecánica.
La acusación también apunta contra Florencia Jerez por su actuación durante la madrugada del 21 de octubre. Según la Fiscalía, ante un nuevo episodio de vómito con sangre y otros signos de gravedad, se habrían aplicado medidas paliativas sin determinar inmediatamente el origen del sangrado.
Posteriormente aparecieron nuevos signos neurológicos, entre ellos anisocoria y una pupila derecha fija y dilatada. Para los investigadores, ese cuadro requería profundizar los estudios y acelerar la realización de una tomografía y las interconsultas correspondientes.
Matías permaneció internado durante varios días, pero su cuadro se volvió irreversible. Finalmente, murió el 25 de octubre de 2016 a las 7.10, como consecuencia de un accidente cerebrovascular isquémico ocurrido durante el postoperatorio.
Casi diez años después de la muerte del niño, la Justicia tucumana comenzó a determinar si las presuntas omisiones y negligencias señaladas por la Fiscalía tuvieron responsabilidad en el desenlace fatal. El juicio deberá establecer ahora si los tres profesionales incurrieron en la conducta que se les atribuye.
