Las intensas lluvias que afectan a Tucumán volvieron a generar complicaciones en distintos puntos de la provincia. Más allá del volumen de precipitaciones registrado en los últimos días, especialistas señalan que el problema central radica en la saturación de los suelos y en un sistema de drenaje que no logra absorber ni evacuar el excedente de agua.
El geólogo Juan Ángel García, máster en gestión y educación ambiental y docente de la Facultad de Ciencias Naturales, explicó que este tipo de eventos responde a ciclos naturales previsibles. “Cada 10 o 15 años se producen fases extremas de lluvias. No es algo inesperado. El problema no es la lluvia en sí, sino no estar preparados”, sostuvo.
Según el especialista, Tucumán atraviesa uno de estos períodos de alta intensidad hídrica, en el que los suelos alcanzan su punto máximo de absorción. “Cuando el suelo se satura, deja de infiltrar y el agua comienza a escurrir en superficie, aumentando el riesgo de inundaciones”, detalló.

García indicó que esta situación se ve agravada por la presencia de la napa freática en gran parte del Gran San Miguel de Tucumán y el sur provincial, ubicada entre los tres y cuatro metros de profundidad. Durante el verano, la napa asciende debido a las lluvias, lo que reduce aún más la capacidad de absorción del terreno.
Otro factor determinante es el tipo de suelo predominante en la región. “El suelo limo arcilloso es muy plástico y prácticamente impermeable, lo que dificulta el drenaje natural”, explicó. En ausencia de infraestructura adecuada, esta condición incrementa la vulnerabilidad frente a lluvias intensas.
El geólogo también destacó el rol de la Sierra de San Javier en el sistema hídrico provincial, al funcionar como un reservorio natural que alimenta las napas subterráneas. Sin embargo, advirtió que el equilibrio de ese sistema depende del mantenimiento y la planificación del entorno urbano y rural.
En ese sentido, García fue contundente al señalar la falta de obras y de mantenimiento sostenido. “Los ríos, canales y el sistema cloacal están colapsados. Hay obras, como el Canal Norte, construidas en la década del 40, que no reciben mantenimiento desde hace décadas”, afirmó. Recordó además que en Tucumán no se ejecutan obras hidráulicas de gran envergadura desde hace más de 60 años, siendo el dique El Cadillal la última intervención de ese tipo.
El especialista subrayó que los ríos y canales son responsabilidad del Estado y que la ausencia de mantenimiento termina generando desbordes recurrentes. “Se repiten los mismos problemas todos los veranos: canales obstruidos, plantas de tratamiento abandonadas, puentes que colapsan”, enumeró.
Consultado sobre posibles soluciones, García remarcó la necesidad de inversión sostenida en infraestructura hídrica. “Son obras que no se ven porque están enterradas, pero son las que evitan catástrofes. Sin inversión estatal, estos episodios van a seguir ocurriendo”, advirtió.
Finalmente, alertó sobre los riesgos de modificar cauces naturales sin planificación. “El río tiene memoria. Cuando llueve mucho, tiende a recuperar su cauce original. Intervenir sin estudios adecuados puede agravar los daños”, señaló.
Mientras continúan las precipitaciones, las advertencias técnicas vuelven a poner en evidencia un problema estructural: décadas de falta de planificación, mantenimiento e inversión pública que dejan a la provincia expuesta frente a fenómenos climáticos previsibles. Según el especialista, la diferencia entre una situación controlable y una catástrofe depende, en gran medida, de las decisiones que se toman —o se postergan— con anticipación.


