El día de ayer 13 de enero hubo voladuras de techos, cortes de energía y caída de árboles que generaron interrupciones en los servicios a causa de las lluvias y los fuertes vientos, los problemas de siempre en la ciudad San Miguel de Tucumán por el descuido de la tiktoker Rossana Chahla
Pasando las 19.00 horas el día de ayer un fuerte temporal sorprendió a todo Tucumán, especialmente en la ciudad capitalina, donde la intensa tormenta que avanzó sobre la capital causó múltiples problemas en las calles, como anegamientos, arboles caídos afectando a casa de vecinos y cortes parciales de energía en diversos sectores.

Como siempre la respuesta de la municipalidad de San Miguel de Tucumán fue tardía e ineficiente, sin protocolos claros de seguridad para actuar en esto casos, equipos de emergencia y cuadrillas de EDET acudieron a los sectores afectados para reparar los puntos de energía, reestablecer los suministros y remover escombros. Los vecinos agradecen el trabajo pero con justa razón reclaman y exigen una respuesta más rápida y más eficiente.
Repercusiones y riesgos futuros
La tormenta volvió a dejar al descubierto las falencias estructurales de San Miguel de Tucumán y expuso, sin atenuantes, la debilidad de la gestión municipal encabezada por Rossana Chahla frente a eventos climáticos que ya no pueden considerarse excepcionales. Lejos de tratarse de un fenómeno imprevisible, los episodios de lluvias intensas y vientos fuertes forman parte de un patrón que los especialistas advierten desde hace años. Sin embargo, la falta de planificación, mantenimiento y prevención coloca nuevamente a la ciudad en una situación de vulnerabilidad evitable.
La ausencia de un plan integral de mitigación y respuesta evidencia una gestión reactiva, más preocupada por apagar incendios que por anticiparse a los problemas. Bajo la administración de Chahla, persisten la falta de podas preventivas, el deterioro del arbolado urbano, columnas eléctricas en mal estado, cables expuestos y desagües colapsados. Medidas básicas como inspecciones periódicas, refuerzo de infraestructura crítica y planes de contingencia por zonas de riesgo continúan brillando por su ausencia, pese a que las advertencias meteorológicas fueron claras y anticipadas.
El resultado de esta desidia es tangible y lo padecen los vecinos: autos aplastados por árboles, viviendas con techos arrancados, calles intransitables y miles de hogares sin suministro eléctrico durante horas. Daños que no solo generan pérdidas materiales, sino también angustia e incertidumbre en barrios que ya conviven con servicios deficientes. La tormenta no hizo más que amplificar una realidad preexistente: una ciudad mal preparada, sin gestión preventiva y con un municipio que llega tarde, dejando a los ciudadanos pagar el costo de una falta de previsión que se repite año tras año.
