En una reaparición que solo sirve para recordar el desastre de su gestión, el expresidente Alberto Fernández participó de una entrevista en el streaming Blender. Lejos de cualquier autocrítica por dejar un país quebrado y al borde de la hiperinflación, el exmandatario se dedicó a analizar la interna del peronismo y, previsiblemente, a negar las graves acusaciones de violencia en su contra.
Fernández, cuya presidencia (2019-2023) será recordada como uno de los períodos más oscuros de la historia reciente —marcado por la fiesta de Olivos, la cuarentena eterna, el escándalo de los “seguros” y la sumisión política a su vicepresidenta—, intentó posicionarse como un analista y futuro armador del kirchnerismo.

El expresidente, investigado por presuntas irregularidades en la “Causa Seguros” y por violencia contra su expareja Fabiola Yáñez, opinó sobre el estado actual del peronismo tras la contundente derrota legislativa de octubre.
Curiosamente, el foco de sus dardos no fue el gobierno de Javier Milei, sino su propia jefa política, Cristina Fernández de Kirchner.
Al referirse a la interna, Fernández calificó a Axel Kicillof como “un buen gobernador” y “un tipo muy inteligente y preparado”, pero reconoció que atraviesa “una situación de adversidad muy grande”. Esa adversidad, aclaró, no proviene del gobierno nacional, sino de su propio espacio.
“Lo que yo no me perdono es que nosotros ayudemos al Gobierno haciéndosela más difícil a Axel”, expresó Fernández, en un claro mensaje contra La Cámpora y la expresidenta corrupta, con quien Kicillof mantiene una feroz disputa por el liderazgo y la caja de la provincia.
El principal foco del enfrentamiento, que Fernández expuso públicamente, fue la decisión de Kicillof de desdoblar las elecciones bonaerenses. Aunque el sello local de Kicillof, Fuerza Patria, obtuvo un triunfo en la provincia, el peronismo kirchnerista sufrió una paliza histórica a nivel nacional en ese mismo distrito. La interna, como siempre en el kirchnerismo, no es por un proyecto de país, sino por la mera supervivencia y el control del poder.

La galería de los fracasados
Demostrando una desconexión absoluta con la realidad y con el mandato de cambio que la sociedad votó en 2023, Alberto Fernández se aventuró a proponer los referentes para la “renovación” del peronismo.
Su lista es un verdadero catálogo de los responsables de la decadencia argentina.
En primer lugar, incluyó a Sergio Massa, el exministro de Economía que tomó el timón del país y lo estrelló, multiplicando la inflación, vaciando el Banco Central y dejando al país al borde de la hiperinflación que el gobierno de Milei tuvo que desactivar. Fernández, sin embargo, lo definió como “una de las personas que mejor conoce el Estado nacional”.
También mencionó al exgobernador de Chaco, Jorge Capitanich, de quien destacó que “acaba de hacer una elección extraordinaria”, pese a haber perdido estrepitosamente.
La lista de “futuribles” se completó con figuras de segunda y tercera línea, como el exministro de Justicia Martín Soria y su hermana, María Emilia Soria. Y, en un acto de auto-elogio, resaltó a sus propios exfuncionarios, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi, a quienes calificó como “impresionantes funcionarios” que “serían extraordinarios presidentes”.

Negación de la violencia
Como era de esperar, el expresidente que se ufanaba de “haberle puesto fin al patriarcado” utilizó la entrevista para victimizarse y negar las graves denuncias por violencia de género presentadas por su expareja, Fabiola Yáñez.
Fernández negó rotundamente haber ejercido cualquier tipo de agresión. En un intento burdo por deslegitimar las pruebas, sostuvo que en las conversaciones difundidas entre Yáñez y María Cantero “solo hay una donde se habla de eso, nunca antes ni después”.
Asimismo, intentó relativizar los hechos denunciados, aclarando que la acusación hace alusión a un episodio que habría ocurrido antes del 12 de agosto de 2021, cuando Yáñez intentó irse de la Residencia de Olivos con su hijo Francisco. Según la increíble versión de Fernández, en aquel momento su expareja “ni siquiera estaba embarazada”, como si ese detalle modificara la gravedad de los hechos investigados.
