El Cosquín Rock 2026 ya confirmó su grilla y, como cada febrero, volverá al Aeródromo Santa María de Punilla los días 14 y 15. Los organizadores, encabezados por José Palazzo, celebran que el festival sigue siendo “el festival de rock más grande de la Argentina”, pero lo cierto es que lo que alguna vez fue un encuentro popular de rock terminó convertido en un negocio exclusivo para pocos. Vendiendo la supuesta imágen de revelión, pero son lo más adepto al sistema.
Lejos quedaron aquellos veranos en los que una familia podía vacacionar en Córdoba y de paso pasar un día en el festival, entre guitarras distorsionadas y pogo bajo el sol. Hoy, con una entrada de $391.000 por los dos días (sumando el costo de servicio, adquirible por la página de EDEN entradas), el Cosquín se alejó de ese espíritu.

La grilla lo confirma: de internacionales solo Franz Ferdinand y The Chemical Brothers (DJ set), buenos nombres pero que dejan gusto a poco. Del lado nacional, la repetición ya cansa: Babasónicos, Divididos, La Vela Puerca son las grandes caras, pero lastima que sean las mismas ya hace tres años, cero sorpresa. Ni hablar de la ausencia casi total de metal —apenas “el Tano” en letra chica— y un punk rock que brilla por su ausencia.
En su lugar, los grandes espacios se los llevan “artistas” urbanos que poco tienen que ver con la identidad del festival. Dillom, Six Sex, Trueno o Ysy A ocupan lugares centrales con un discurso de “vidas de lujo” o de hipersexualización permanente, porque hoy todo parece girar en torno al “más, más y más”, se claman muchas veces como voces de los espacios populares, de los trabajadores, pero pregonan una vida impagable y de vicios. Y como si eso no bastara, hasta aparece Abel Pintos: ¿Talentoso? Sí, pero ¿Qué tiene que ver con la esencia del rock que le dio nombre al festival?
Algunos fanáticos fantaseaban con una sorpresa real: la vuelta de Pity Álvarez a los escenarios, sobretodo tras anunciar su show en Vélez para diciembre de 2025. Pero eso quedó en la ilusión: en Punilla no habrá nada de eso, solo un reciclado de lo mismo de siempre.
Así, el Cosquín Rock, que nació como cuna de resistencia y como identidad de una generación, hoy se parece más a una versión del Lollapalooza. Y mientras José Palazzo celebra su “apertura de prejuicios”, la pregunta queda flotando: ¿dónde quedó el rock en el Cosquín Rock?
