Las elecciones de medio termino porteñas siguen mostrando sus efectos, y tal vez uno de los más negativos es la inclusión de un delincuente sin escrúpulos como Alejandro “Pitu” Salvatierra.
La Ciudad Autonoma de Buenos Ares celebró una nueva jornada electoral donde el peronismo logró sumar nuevas bancas en la Legislatura porteña. Uno de los nombres que más llamó la atención fue el de Alejandro “Pitu” Salvatierra, ex panelista de C5N y referente villero, que ahora asumirá un cargo legislativo junto a Leandro Santoro. Pero su historia está lejos de ser la de un dirigente tradicional: arrastra un pasado delictivo que él mismo reconoció públicamente.
Salvatierra no esquiva su historial. Todo lo contrario: lo ha contado al aire con tono desafiante. “Sí, robé tres bancos, perdón. Tres bancos. Y a vos, seguro te robaron esos mismos bancos. Vos, que me trolleás, te robaron en 2001”, dijo en una entrevista, provocando un fuerte revuelo tanto en redes sociales como en la televisión. Más allá de su posterior aclaración —donde aseguró no haber querido hacer apología del delito—, la frase sigue resonando con fuerza.
Pitu Salvatierra construyó su figura mediática como un “referente de la villa” que logró salir del delito y las drogas, y que hoy representa a los sectores populares desde otro lugar. Según él mismo relató, vivió en la calle con su familia durante años y cayó en la delincuencia “creyendo que era la salida”. Dice haber pagado su deuda con la Justicia y asegura que hace más de dos décadas no comete ningún delito.
Pero la duda persiste: ¿estamos ante un verdadero caso de redención o frente a un relato conveniente, utilizado para justificar una candidatura polémica?
Su entrada a la Legislatura no solo genera ruido por su pasado, sino por su presente mediático. Hasta hace poco era panelista en el canal oficialista C5N y su nombre aparece vinculado a figuras como Hebe de Bonafini, a quien defendió públicamente, incluso respaldando el cuestionado plan “Sueños Compartidos”. Según contó, fue la primera vez que tuvo un trabajo formal, con recibo de sueldo, y lo recuerda como el único momento en que se sintió “digno”.
La historia de vida de Salvatierra fue incluso retratada en un libro en 2017, pero su salto a la política institucional reabre el debate: ¿alcanza con haber cambiado de vida para asumir una banca legislativa? ¿O hay límites que no se deberían cruzar en nombre de la representación popular?
En un país donde la corrupción, la impunidad y la falta de justicia son moneda corriente, la figura de Salvatierra interpela. ¿Puede un ex ladrón de bancos legislar sobre seguridad, justicia o política fiscal? ¿Es ético, o incluso lógico, que se premie con un cargo público a alguien con semejante historial?
Los votantes porteños ahora tienen a un ex delincuente convertido en legislador. Algunos lo ven como un símbolo de resiliencia. Otros, como un grave error del sistema democrático.
