El fenómeno climático ya está activo en el Pacífico ecuatorial y los principales modelos anticipan una temporada de mayor inestabilidad. En Tucumán, el mayor riesgo estaría asociado a tormentas intensas, lluvias concentradas y posibles excesos hídricos.
El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico ecuatorial y comienza a generar mayor atención de cara a la primavera y el verano 2026-2027. Para Tucumán, el escenario podría traducirse en una mayor disponibilidad de humedad y un incremento de las condiciones favorables para tormentas intensas.
El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones actuales son compatibles con una fase cálida de El Niño. Para el trimestre agosto-octubre, los modelos mantienen una probabilidad cercana al 100% de continuidad del fenómeno.
La NOAA, por su parte, estimó una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante la primavera y el verano australes. Sin embargo, los especialistas advierten que un Niño intenso no significa necesariamente que todas las regiones recibirán lluvias extraordinarias.
¿Qué puede pasar en Tucumán?
La influencia de El Niño sobre Tucumán es más compleja que en el Litoral y el noreste argentino. El fenómeno puede favorecer el ingreso de humedad y aumentar las condiciones de inestabilidad, pero su impacto final depende también de otros factores atmosféricos.
Un estudio de especialistas de la Universidad Nacional de Tucumán y el Conicet encontró una relación significativa entre El Niño y los episodios de lluvias extremas en San Miguel de Tucumán.
El dato más relevante es que el 88% de los episodios con mayores precipitaciones diarias registrados durante un período de 109 años ocurrió entre diciembre y marzo. Por eso, la atención estará especialmente puesta en el verano.
El riesgo no necesariamente será una temporada completa de lluvias. Una de las principales preocupaciones son las tormentas capaces de descargar grandes cantidades de agua en pocas horas, provocando anegamientos y crecidas repentinas.
Las zonas que requieren mayor atención
El Gran San Miguel de Tucumán aparece entre los sectores que deberían mantener mayor vigilancia, especialmente en barrios cercanos a canales, zonas bajas y áreas donde históricamente se acumula agua.
En el pedemonte, las tormentas fuertes pueden generar crecidas rápidas de ríos y arroyos, además de deslizamientos, caída de árboles y complicaciones en caminos.
En tanto, las zonas agrícolas bajas del este, centro y sur provincial presentan riesgo de anegamientos y excesos hídricos, particularmente en sectores con dificultades de drenaje.
La distribución de las lluvias será determinante. Una misma cantidad de agua puede resultar beneficiosa para los cultivos si se distribuye durante varios días, pero generar importantes daños si se concentra en pocas horas.
El campo, entre los beneficios y los riesgos
Para la producción tucumana, una temporada con lluvias regulares podría mejorar la humedad de los suelos, recuperar reservas de agua y favorecer cultivos y pasturas.
Pero los excesos pueden generar problemas en la caña de azúcar, la soja, el maíz y otras producciones. Los antecedentes recientes muestran la magnitud que pueden alcanzar estos episodios: durante la campaña 2025-2026, unas 73.000 hectáreas de soja sufrieron algún grado de exceso hídrico en la provincia.
La caña de azúcar también puede beneficiarse inicialmente de una mayor disponibilidad de agua, aunque la persistencia de condiciones demasiado húmedas puede provocar problemas en las raíces, vuelco de los cultivos y dificultades para la cosecha.
La prevención será clave
El período de mayor atención se extendería principalmente desde noviembre de 2026 hasta marzo de 2027, cuando coincidirán la temporada de lluvias de Tucumán y la posible máxima intensidad de El Niño.
Ante este escenario, las autoridades deberán reforzar la limpieza de canales y desagües, revisar alcantarillas y mantener los caminos rurales. También será importante identificar con anticipación los puntos críticos y actualizar los protocolos de emergencia.
De todos modos, los especialistas remarcan que El Niño no permite anticipar una tormenta específica con meses de anticipación. Los pronósticos de corto plazo y las alertas meteorológicas serán los instrumentos fundamentales para determinar dónde y cuándo pueden producirse los episodios más severos.
Por ahora, el fenómeno representa una señal de alerta y no un anuncio de catástrofe. Tucumán podría atravesar una primavera y un verano más húmedos e inestables, pero el impacto dependerá principalmente de cómo se distribuyan las precipitaciones y de la capacidad de la provincia para responder ante eventuales excesos de agua.
