Después de casi dos décadas de investigación, marchas y reclamos, el caso por el crimen de Paulina Lebbos volvió a quedar sin responsables. La Justicia tucumana absolvió a César Soto, principal acusado en la causa, por el beneficio de la duda, dejando el expediente nuevamente sin condenas.
La reacción de su padre, Alberto Lebbos, fue inmediata y contundente. “Es alevoso”, expresó tras conocerse el fallo, en una frase que resume años de dolor, frustración y denuncia constante de impunidad.
El veredicto llegó luego de 14 jornadas de debate oral, en las que el tribunal —integrado por Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica— consideró que las pruebas presentadas no eran suficientes para dictar una condena a prisión perpetua. En la misma resolución también quedó desvinculado Sergio Kaleñuk, luego de que el fiscal Carlos Sale retirara la acusación en los alegatos finales.
Para la familia, el fallo no solo representa una decisión judicial, sino un nuevo golpe en una causa atravesada por irregularidades desde sus inicios. A lo largo de los años, el expediente estuvo marcado por denuncias de encubrimiento, que incluso derivaron en condenas contra miembros de la cúpula policial y el exfiscal Carlos Albaca. Sin embargo, esas responsabilidades no lograron esclarecer el hecho central: quién mató a Paulina.
Durante el juicio, la acusación sostuvo que la joven fue estrangulada en su domicilio el 26 de febrero de 2006. No obstante, la defensa logró instalar dudas clave: la ausencia de pruebas directas, la falta de testigos concluyentes y la debilidad de la evidencia física terminaron inclinando la balanza hacia la absolución.
El caso de Paulina Lebbos se convirtió con el tiempo en un símbolo de la lucha contra la impunidad en Tucumán. Tenía 22 años, estudiaba Comunicación Social y era madre de una niña pequeña cuando desapareció tras salir con amigas. Su cuerpo fue hallado 13 días después a la vera de la Ruta 341, en la zona de Tapia.
A casi 20 años del crimen, el desenlace judicial vuelve a dejar más preguntas que respuestas. Para su familia, la sensación es clara: hubo juicio, hubo expectativa, pero no hubo justicia. Y el reclamo, lejos de apagarse, vuelve a tomar fuerza.
