La discusión sobre el uso del celular dentro de las aulas vuelve a ponerse en el centro del debate educativo, especialmente en Tucumán. Para la psicopedagoga Natalia Jiménez Terán, se trata de una problemática “aún irresuelta” que exige acuerdos claros entre escuela, familia y Estado para evitar que el dispositivo se convierta más en un obstáculo que en un aliado educativo.
Disparidad institucional y distractores
Jiménez Terán señala que el Ministerio de Educación tiene una línea denominada Construcción de Ciudadanía Responsable en la Digitalidad, que permite a cada escuela decidir si autoriza el uso del celular. Este enfoque, sin embargo, genera desigualdades entre colegios, ya que no todos establecen los mismos límites rigurosos ni gestionan de igual manera las consecuencias.
Un punto preocupante es el impacto en la atención y concentración. Estudios psicológicos muestran que incluso si el celular no se está usando, su simple presencia puede reducir la capacidad cognitiva. Por ejemplo, cuando un teléfono está a la vista, las personas deben hacer un esfuerzo constante para inhibir la atención hacia él, lo que resta recursos mentales para las tareas académicas.
Distracción real y rendimiento en retroceso
Los datos locales refuerzan la preocupación: según un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación basado en PISA 2022, el 54 % de los estudiantes argentinos de 15 años admite distraerse con su celular propio durante clases, mientras que el 46% se ve afectado por el uso de dispositivos por parte de sus compañeros. Además, ese mismo estudio evidencia una correlación negativa entre distracción digital y rendimiento en Matemática, lo que sugiere que la presencia constante del celular puede perjudicar significativamente el aprendizaje.
Deterioro cognitivo: memoria, atención y autocontrol
Más allá de la distracción superficial, estudios académicos apuntan a consecuencias más profundas a nivel cognitivo. Según una investigación sobre adolescentes, el uso intensivo del celular está asociado con una menor capacidad de memoria de trabajo, menor concentración y un empeoramiento en el control de los impulsos. Además, otros informes alertan sobre alteraciones del sueño, síntomas ansiosos o depresivos y posibles cambios neurobiológicos similares a los observados en adicciones.
Impacto en el bienestar y la comprensión
Un estudio realizado con estudiantes universitarios encontró que aquellos a quienes les retiraron el smartphone durante las clases mostraron una mejor comprensión de los contenidos, mayores niveles de atención plena y menor ansiedad en comparación con quienes podían conservar sus dispositivos. Esto sugiere que para muchos alumnos, el celular no solo distrae, sino que también deteriora su experiencia de aprendizaje y su bienestar emocional.
Acumulación de riesgos sociales
Jiménez Terán también advierte sobre la dimensión social del problema: “hemos tenido muchas situaciones de bullying”, dice, cuando los estudiantes graban videos dentro del colegio y luego los suben a redes. Este tipo de prácticas pueden generar un ambiente institucional disruptivo y poco seguro.
¿Qué solución propone la especialista?
Para la psicopedagoga, no basta con decidir si permitir o prohibir. Es necesario un marco regulatorio sólido, fundado en políticas públicas y evidencia científica. Propone:
Capacitar a los docentes para que sepan cómo utilizar el celular como herramienta educativa, sin perder el control del aula.
Establecer reglas claras para los estudiantes: cuándo, para qué y cómo usar sus dispositivos.
Involucrar a las familias: los padres deben estar informados, comprometidos y alineados con la escuela para reforzar límites coherentes.
Monitorear y evaluar el impacto: no es suficiente permitir el uso del celular; hay que medir cómo afecta realmente el aprendizaje, la atención y la salud cognitiva de los alumnos.
Otros países que ya han intervenido
No es solo un debate local: varios países ya han aplicado restricciones severas sobre el uso de celulares en las escuelas, por los mismos motivos de distracción, bienestar estudiantil y rendimiento académico:
Francia: prohíbe el uso de celulares en escuelas primarias y secundarias desde 2018, y está implementando un “parón digital” en algunas instituciones.
Italia: tienen una prohibición en aulas que aplica a casi todos los niveles escolares, salvo excepciones para necesidades educativas especiales.
Países Bajos (Holanda): prohibieron el uso de teléfonos inteligentes, tabletas y relojes inteligentes en muchas escuelas primarias y secundarias.
Hungría: desde septiembre de 2024 implementó una restricción nacional para recolectar los dispositivos al inicio de la jornada escolar.
Grecia: los alumnos deben mantener sus teléfonos apagados dentro de las bolsas durante el horario escolar.
Bélgica (región francófona): se ha prohibido el uso recreativo de dispositivos móviles en escuelas en la comunidad de Valonia y Bruselas.
Finlandia: aprobó en 2025 una legislación que restringe fuertemente el uso de celulares durante las clases, permitiendo su uso solo en casos educativos o de salud, con permiso docente.
Brasil: una ley federal prohíbe el uso de smartphones en las aulas y pasillos escolares, salvo para propósitos educativos o por razones de accesibilidad o salud.
En Tucumán, el debate sobre permitir o prohibir los celulares en las escuelas no es aislado: se enmarca en una tendencia global cada vez más firme de regular el acceso a estos dispositivos dentro del ámbito educativo. Los riesgos cognitivos, sociales y emocionales que advierten expertos como Jiménez Terán son respaldados por políticas que varios países ya están adoptando. Para que sean una herramienta pedagógica y no un factor de deterioro del aprendizaje, se requieren decisiones consensuadas, políticas claras y una participación activa de toda la comunidad educativa.

