Los recientes resultados de la Prueba Aprender 2024 encendieron una nueva alarma sobre la crisis educativa argentina. Según el informe publicado por el Ministerio de Capital Humano, solo el 14,2% de los estudiantes logró un nivel satisfactorio en Matemática, mientras que más de la mitad (54,6%) ni siquiera alcanzó el nivel básico. El diagnóstico es claro: el sistema educativo, moldeado durante décadas por políticas peronistas, ha colapsado.
Estos alumnos, evaluados en su último año de secundaria, comenzaron sus estudios en 2019 y 2020, años en los que el kirchnerismo aún regía con fuerza las políticas educativas nacionales. A pesar de los recursos volcados al sector y de las permanentes reformas pedagógicas bajo eslóganes progresistas, los números muestran una profunda decadencia en los aprendizajes reales.
Aunque el área de Lengua mostró un desempeño más alentador (58% de nivel satisfactorio o superior), la situación en Matemática es alarmante, y refleja una tendencia que viene consolidándose desde hace años. Desde 2022, no hay estudiantes en el nivel avanzado de Matemática, un dato que debería escandalizar a cualquier sociedad que aspire al desarrollo científico y tecnológico.
La educación matemática, pilar del pensamiento lógico, la resolución de problemas y la inserción laboral futura, ha sido relegada a un segundo plano por un sistema que priorizó contenidos ideológicos por sobre el conocimiento formal. La obsesión por la “inclusión” mal entendida terminó excluyendo el mérito, la exigencia y la excelencia, pilares necesarios para una educación de calidad.

Lo que muestran estos resultados no es una sorpresa: años de adoctrinamiento, sindicalismo corporativo y desinversión real en calidad educativa. Mientras los gremios docentes presionaban por paros eternos y contenidos vacíos de exigencia, miles de estudiantes se alejaban de las matemáticas, la lógica, la ciencia y la lectura comprensiva.
El informe también señala la fuerte influencia del contexto socioeconómico en el rendimiento escolar. Y si bien la pobreza impacta, lo que debería escandalizar es que el Estado peronista no solo no logró reducirla, sino que la usó como justificación para no enseñar.
Paradójicamente, el sistema muestra una mayor retención de alumnos en los últimos años de secundaria. Pero esa retención no se traduce en aprendizajes. Se masificó la escolarización, pero se vació de contenido. ¿De qué sirve llegar al último año si no se sabe resolver una ecuación básica?
El informe también señala que los adolescentes presentan una creciente autonomía digital, pero sin supervisión ni formación crítica. Casi un tercio de los varones participa en apuestas online, mientras el 20% de los estudiantes reporta contacto con desconocidos por redes sociales. Esto evidencia otro fracaso del sistema educativo: la incapacidad de adaptarse a las nuevas formas de interacción digital con herramientas formativas reales.
Lo que muestran estos resultados no es otra cosa que el costo de años de pedagogía populista, de desprecio por el esfuerzo y de captura ideológica de la educación pública. Los chicos no aprenden, y el futuro del país está en juego.
Hoy más que nunca, urge una reforma estructural que deje atrás la lógica estatista y sindicalizada, y que devuelva al aula el protagonismo del conocimiento, el mérito y la formación integral. Solo así Argentina podrá formar ciudadanos libres, capaces y productivos. Porque como bien dice el presidente Javier Milei: “El mercado premia el talento, pero el Estado adoctrina y empobrece.”
