La tensión política dentro del peronismo tucumano ya no puede ocultarse. Aunque públicamente intenten mostrar gestos de unidad, en los pasillos del poder provincial aseguran que la relación entre el gobernador Osvaldo Jaldo y la intendenta capitalina Rosana Chahla atraviesa uno de sus peores momentos y que el quiebre sería prácticamente irreversible.
Fuentes vinculadas al oficialismo sostienen que el enfrentamiento entre ambos sectores “está totalmente a la vista” y que las diferencias políticas y personales se profundizaron en los últimos meses. “Si aparecen juntos en alguna foto será solo para la tribuna, porque puertas adentro está todo roto”, aseguran desde sectores cercanos a la política provincial.
Uno de los episodios que habría agravado la interna fue la denuncia contra funcionarios de la Municipalidad capitalina, situación que generó fuerte malestar dentro del entorno de Chahla. A esto se suma la presencia de dirigentes y sectores vinculados al exintendente Germán Alfaro, quien actualmente mantiene una buena relación política con el gobernador Jaldo, algo que en el chahlismo observan con profunda desconfianza.
La convivencia entre la Casa de Gobierno y el municipio capitalino aparece cada vez más deteriorada, en medio de una disputa silenciosa por espacios de poder, armado político y posicionamiento de cara al futuro electoral.
Mientras tanto, dentro del propio peronismo tucumano ya hablan de un escenario de fractura interna y de un oficialismo provincial debilitado por sus propias disputas. Aunque hacia afuera intenten mostrar normalidad, en el fondo la pelea parece no tener retorno.
