El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que el régimen iraní “está cruzando una línea roja” tras la violenta represión contra manifestantes civiles, que dejó más de 500 muertos, según organizaciones de derechos humanos. Desde el Air Force One, el mandatario afirmó que Washington analiza “opciones muy contundentes” frente a la escalada de violencia en Irán.
De acuerdo con declaraciones oficiales, el gobierno estadounidense sigue la situación “muy seriamente” y no descarta respuestas militares dentro del abanico de medidas que se encuentran en evaluación. La Casa Blanca confirmó además que autoridades iraníes realizaron contactos iniciales para abrir una instancia de negociación, aunque Trump sostuvo que Estados Unidos podría actuar incluso antes de que se concrete una reunión formal.
Protestas y represión
Las manifestaciones en Irán comenzaron como reclamos de carácter económico, pero rápidamente derivaron en protestas masivas contra el régimen teocrático. Según datos de la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), al menos 500 personas murieron, de las cuales 490 serían manifestantes, como consecuencia de la represión ejercida por las fuerzas de seguridad.
Organizaciones internacionales denunciaron el uso de munición letal, disparos dirigidos al rostro de los manifestantes, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. En paralelo, hospitales de distintas ciudades se encuentran desbordados por la cantidad de heridos.
El régimen iraní mantiene además un apagón casi total de internet, que supera las 60 horas, lo que dificulta la verificación independiente de los hechos. Entidades como NetBlocks advirtieron que el corte de conectividad impide el acceso a información básica y reduce la capacidad de supervisión internacional.
Respuesta de Teherán y escalada de tensión
Tras las declaraciones de Trump, funcionarios iraníes respondieron con amenazas. El presidente del Parlamento de Irán afirmó que bases navales y territorios bajo control estadounidense serían “objetivos legítimos” en caso de una intervención militar, lo que incrementó la tensión regional.
Mientras tanto, el régimen decretó tres días de duelo por sus denominados “mártires” y convocó a una marcha nacional, en un intento de reforzar su narrativa oficial y justificar la represión interna.
En el plano interno iraní, figuras opositoras comenzaron a pronunciarse. Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán, llamó a miembros de las fuerzas armadas y a funcionarios del Estado a sumarse a las protestas y aseguró que estaría dispuesto a regresar al país para acompañar un proceso de transición política.
La situación continúa en desarrollo, mientras la comunidad internacional observa con atención una crisis que podría tener consecuencias regionales e internacionales si se profundiza la escalada entre Estados Unidos e Irán.

