El peronismo tucumano volvió a mostrar su peor cara. En un acuerdo a espaldas de los votantes, Osvaldo Jaldo y Juan Manzur cerraron una lista “de unidad” que en realidad es una maniobra de engaño. El gobernador encabezará la boleta de diputados nacionales como candidato testimonial, sin intención de asumir la banca, mientras que Manzur figura como primer suplente para el mismo cargo.
Esta vez la estafa viene reforzada con el gobernador y el exgobernador en la misma lista para blindar el poder y frenar el avance de Javier Milei en la provincia. Se trata de una jugada para mantener los mismos privilegios de siempre, disfrazada de unidad.

La jugada es burda. Jaldo encabeza, pero en segundo lugar colocó a Gladys Medina, diputada de su entorno que ya tiene mandato hasta 2027, y tercero va Javier Noguera, un kirchnerista puro impulsado por Cristina Kirchner. El cuarto lugar lo ocupa Elia Fernández, esposa de Sergio “La Burra” Mansilla, referente de la poderosa Legislatura tucumana. Como Jaldo no asumirá, todos corren un lugar. Es decir, la lista está diseñada para que ingresen los mismos de siempre, disfrazando la maniobra con nombres de unidad.

Lo más indignante es que se presentan como defensores de la democracia mientras manipulan el sistema. El propio peronismo reconoce que puede quedarse con dos de las cuatro bancas en juego, y si les va bien, incluso con tres.
Mientras tanto, los problemas reales de Tucumán siguen sin solución. Inseguridad, pobreza, falta de empleo privado genuino, nada de eso está en la agenda de Jaldo y Manzur. Su prioridad es otra, conservar privilegios y mantener la maquinaria política que vive del Estado.
Este pacto entre el gobernador y su antecesor no es más que una alianza para frenar cualquier cambio y garantizar que la provincia siga atada a los mismos intereses de siempre. En lugar de renovación, Tucumán recibe más de lo mismo, peronismo reciclado, nombres repetidos y bancas ocupadas por quienes viven del poder.
