Una reducida marcha, convocada para las 16:00 frente al Congreso de la Nación bajo el pretexto de apoyar a los jubilados, derivó en serios incidentes cuando grupos violentos comenzaron a generar disturbios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
La protesta, que comenzó con escasa concurrencia, fue aprovechada por sectores radicalizados, hinchadas de fútbol y gremios opositores que provocaron el caos en la Plaza de los Congresos.
Los primeros focos de violencia se registraron en la intersección de Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, donde manifestantes intentaron avanzar de manera agresiva sobre el cordón policial. Ante esta situación, la Policía Federal actuó para dispersar a los agitadores con gases lacrimógenos y balas de goma. A pesar de los reiterados llamados al orden, los violentos continuaron generando disturbios, obligando a la intervención de camiones hidrantes para restablecer la calma.
Si bien la movilización se anunciaba en defensa de los jubilados, rápidamente quedó en evidencia que el objetivo real era otro. Hinchadas de fútbol y sindicatos opositores, incluyendo gremios del transporte y camioneros, se sumaron a la convocatoria, trasladando la protesta a una escalada de violencia injustificada. Simpatizantes de equipos como Racing, Boca, River, Chacarita, Tigre y Ferro se agruparon en la Avenida Rivadavia, donde algunos manifestantes lucían remeras con la imagen de Diego Maradona. La intención de generar desorden fue evidente, lo que obligó al Ministerio de Seguridad a desplegar un operativo para contener los desmanes.
La situación se agravó cuando estos grupos comenzaron a atacar a las fuerzas de seguridad, en un claro intento de desestabilizar el orden público. En simultáneo, en la Cámara de Diputados, sectores de la oposición buscaban reflotar el caso LIBRA con el fin de desgastar al Gobierno, sumando más tensión a una jornada marcada por la violencia de estos sectores.
El operativo policial, llevado a cabo por la Policía Federal, la Prefectura Naval y la Gendarmería, actuó con firmeza para evitar que los manifestantes provocaran mayores daños. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, había advertido que aquellos hinchas que participaran en disturbios quedarían imposibilitados de ingresar a los estadios del país, lo que agregó una medida disuasiva ante la escalada de agresiones.
Gracias al accionar de las fuerzas de seguridad, la situación fue controlada y se evitó que los incidentes tuvieran mayores consecuencias. La falta de convocatoria de la manifestación y su rápida degeneración en actos de violencia dejaron en evidencia que no se trataba de una protesta pacífica, sino de una acción premeditada para generar caos y desafiar el orden institucional.

