El reciente secuestro de una importante cantidad de drogas sintéticas en el centro de San Miguel de Tucumán volvió a poner en foco un fenómeno que preocupa cada vez más a especialistas y autoridades sanitarias: el crecimiento del consumo y comercialización de sustancias de diseño como el tusi, el éxtasis y la ketamina.
El hallazgo, que incluyó cientos de pastillas de éxtasis, dosis de tusi, ketamina y LSD, expuso una realidad que hasta hace algunos años parecía lejana para la provincia. Sin embargo, expertos advierten que estas drogas ya forman parte del circuito recreativo de numerosos jóvenes y que sus riesgos suelen ser subestimados.
El toxicólogo Alfredo Córdoba explicó que estas sustancias integran el grupo de las llamadas “drogas emergentes”, compuestos creados o modificados para generar efectos psicoactivos y, en muchos casos, evitar restricciones legales. “Son mezclas de múltiples sustancias, por lo que sus efectos y su toxicidad también son variables e impredecibles”, señaló.
Uno de los casos más representativos es el tusi, conocido popularmente como “cocaína rosa”, aunque en realidad no suele contener cocaína. Según explicó el especialista, puede estar compuesto por una combinación de ketamina, anfetaminas, cafeína, MDMA y otros químicos, lo que incrementa la incertidumbre sobre sus efectos reales.
Estas sustancias suelen consumirse en boliches, festivales y fiestas electrónicas, donde se combinan con música, luces y largas horas de actividad física. Entre los efectos buscados por los consumidores aparecen la euforia, la estimulación y una mayor sensación de empatía y sociabilidad. Sin embargo, detrás de esas experiencias existen riesgos potencialmente graves.
Los especialistas advierten que el consumo puede provocar hipertermia, deshidratación severa, alteraciones cardíacas, accidentes cerebrovasculares e incluso insuficiencia renal. A esto se suman consecuencias psicológicas que pueden manifestarse días o semanas después, como depresión, ansiedad, ataques de pánico y otros trastornos de salud mental.
La combinación con alcohol u otras drogas representa un factor de riesgo adicional. “Muchos jóvenes llegan a estos eventos después de haber consumido alcohol, lo que genera interacciones químicas peligrosas y aumenta considerablemente las posibilidades de sufrir complicaciones”, explicó Córdoba.
Otro aspecto que preocupa es la creciente facilidad para acceder a estas sustancias. Según los especialistas, las drogas sintéticas suelen comercializarse con presentaciones llamativas, colores atractivos y logos que pueden transmitir una falsa sensación de seguridad. Además, las redes sociales y las plataformas digitales se han convertido en nuevas vías de contacto entre vendedores y consumidores.
El fenómeno no es nuevo en Argentina. Casos como la tragedia de Costa Salguero, donde varios jóvenes murieron tras consumir drogas sintéticas en una fiesta electrónica, marcaron un punto de inflexión en el debate sobre estas sustancias. Sin embargo, los expertos consideran que el problema continúa expandiéndose y requiere una mayor concientización.
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en la necesidad de fortalecer las campañas de prevención, mejorar los sistemas de alerta temprana y profundizar el trabajo sanitario para reducir los riesgos asociados al consumo. También remarcan que el abordaje debe contemplar factores sociales, culturales y psicológicos que explican el crecimiento de este tipo de drogas.
El reciente operativo realizado en Tucumán volvió a encender una señal de alarma. Para los expertos, más allá del impacto policial del procedimiento, el desafío principal será comprender la dimensión real del fenómeno y desarrollar herramientas eficaces para prevenir sus consecuencias.
