Boca Juniors volvió a sufrir una noche negra en la Copa Libertadores. El equipo cayó 1-0 ante Universidad Católica en La Bombonera y quedó eliminado en fase de grupos, en un semestre que ya quedó marcado por el fracaso deportivo. Mientras River Plate ya aseguró su clasificación a los octavos de final, el año del Xeneize pende de un hilo y ahora deberá afrontar el repechaje de la Copa Sudamericana como único objetivo internacional inmediato.

El conjunto dirigido por Claudio Ubeda necesitaba ganar para avanzar a la siguiente instancia, pero mostró una versión apagada, sin reacción y lejos del peso histórico que suele imponer en este tipo de partidos decisivos. El gol de Clemente Montes, a los 34 minutos del primer tiempo, terminó siendo un golpe definitivo para un Boca que nunca logró encontrar funcionamiento ni respuestas futbolísticas.

Desde el inicio se vio a un equipo impreciso, desconectado y sin profundidad. Apenas algunas intervenciones individuales de Exequiel Zeballos y Lautaro Aranda generaron algo de peligro en ofensiva, aunque sin inquietar seriamente al arquero rival. Universidad Católica, en cambio, se mostró ordenado, compacto y efectivo para aprovechar los espacios que Boca dejó en defensa.
El conjunto chileno encontró el gol tras una rápida transición ofensiva que desacomodó completamente al fondo xeneize. Montes recibió dentro del área y definió con un potente derechazo para silenciar a La Bombonera y aumentar la tensión en las tribunas.
Uno de los focos de preocupación pasó por Leandro Paredes, que jugó visiblemente limitado por una molestia muscular. El mediocampista permaneció en cancha pese a las dificultades físicas, aunque nunca logró influir en el desarrollo del juego. Tampoco funcionó el ingreso de Ander Herrera, en una mitad de cancha lenta y sin generación.
En el complemento, Boca intentó reaccionar con más empuje que claridad. Tuvo un gol anulado por posición adelantada y algunas aproximaciones aisladas, pero nunca logró romper el orden defensivo de Universidad Católica. La desesperación fue creciendo con el correr de los minutos y el equipo terminó envuelto en silbidos y cánticos contra la dirigencia.
El final dejó una imagen preocupante para el club. Boca terminó tercero en su grupo y deberá disputar el repechaje de la Copa Sudamericana, una competencia que en este contexto aparece más como una obligación que como un consuelo. La derrota profundiza el malestar interno y vuelve a poner bajo la lupa a la conducción futbolística encabezada por Juan Román Riquelme, en medio de un ciclo cada vez más cuestionado.
