Por primera vez en más de una década, la celebración de la Semana Santa en el Vaticano se desarrolla sin la presencia de Francisco como figura central. En su lugar, el nuevo pontífice, León XIV, encabeza los ritos más importantes del calendario litúrgico católico en un contexto de transición institucional.

La Semana Santa constituye uno de los momentos más relevantes para la Iglesia Católica, tanto desde el punto de vista religioso como simbólico. En este marco, las primeras celebraciones bajo el liderazgo de León XIV mantienen la estructura tradicional, aunque dejan entrever matices en el estilo del nuevo pontificado.
Durante el Domingo de Ramos, el Papa encabezó la misa en la Plaza de San Pedro y dirigió un mensaje centrado en la situación internacional. En su homilía, llamó a poner fin a los conflictos armados y pidió por las víctimas de la violencia, los migrantes y los cristianos perseguidos en distintas regiones del mundo.
En términos litúrgicos, el cronograma no presenta modificaciones respecto a años anteriores. Las celebraciones incluyen la misa del Domingo de Ramos, la Cena del Señor el Jueves Santo, la conmemoración de la Pasión el Viernes Santo, la Vigilia Pascual el sábado por la noche y la misa de Pascua con la bendición “Urbi et Orbi”.
Sin embargo, se registran diferencias en la forma de llevar adelante algunos ritos. En el Jueves Santo, el tradicional lavatorio de los pies se realizará en la Basílica de San Juan de Letrán, sede episcopal de Roma. Esta decisión marca un cambio respecto a la práctica impulsada por Francisco, quien solía trasladar esta ceremonia a cárceles, hospitales o centros de asistencia social.
Para el Viernes Santo, se mantienen la celebración de la Pasión y el tradicional Vía Crucis en el Coliseo de Roma, uno de los actos más representativos de la fecha. Según lo previsto, el desarrollo será más sobrio, con menor protagonismo de intervenciones personales del pontífice.
El Sábado Santo, jornada caracterizada por la ausencia de celebraciones litúrgicas hasta la noche, dará paso a la Vigilia Pascual, una de las ceremonias más antiguas del cristianismo, que incluye el encendido del fuego nuevo.
Finalmente, el Domingo de Pascua marcará el cierre de la Semana Santa con la misa de Resurrección en la Plaza de San Pedro y la tradicional bendición “Urbi et Orbi”, dirigida a la ciudad de Roma y al mundo.
Esta primera Semana Santa bajo el pontificado de León XIV se presenta, así, como una combinación de continuidad en los ritos y señales iniciales de un estilo más institucional en la conducción de la Iglesia.
