El tratado entre el Mercosur y la Unión Europea podría entrar en vigencia de manera provisional desde mayo de 2026, aunque aún enfrenta trabas políticas y legales en el bloque europeo.
El histórico acuerdo Mercosur–Unión Europea, tras más de dos décadas de negociaciones, podría comenzar a aplicarse a partir del 1 de mayo de 2026, aunque no de forma plena, sino bajo un esquema de implementación parcial y provisoria.
Según distintas versiones surgidas desde Europa, la intención de Bruselas es avanzar con la aplicación del capítulo comercial del tratado, permitiendo así una reducción progresiva de aranceles y la apertura de mercados entre ambos bloques. Sin embargo, esto no implica que el acuerdo esté completamente vigente ni ratificado en su totalidad.

El principal obstáculo sigue siendo el proceso de aprobación dentro de la Unión Europea, donde varios países aún mantienen reparos, especialmente en relación a cuestiones ambientales y de competencia económica. Esta situación obliga a que cualquier avance sea limitado y sujeto a revisiones.
El acuerdo, considerado uno de los más importantes a nivel global, abarca un mercado de más de 700 millones de personas y promete facilitar el comercio entre Sudamérica y Europa. Para países del Mercosur como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, representa una oportunidad para ampliar exportaciones, aunque también genera preocupación en sectores industriales por la competencia europea.
En este contexto, el eventual inicio en mayo marcaría un primer paso concreto tras años de demoras, pero lejos está de significar una implementación definitiva. El futuro del acuerdo dependerá de la voluntad política de los países europeos y del cumplimiento de las condiciones exigidas para su aprobación total.
De esta manera, el acuerdo Mercosur–Unión Europea avanza, pero todavía en una etapa inicial e incierta, donde cada paso está condicionado por tensiones políticas y económicas dentro del propio bloque europeo.
