Las intensas lluvias obligaron a suspender las clases en toda la provincia hasta el viernes inclusive. La medida reavivó críticas al gobierno provincial, ya que mientras se habla de educación de calidad, cada temporal vuelve a paralizar las clases y expone problemas estructurales que afectan a miles de estudiantes.
Las intensas lluvias que azotan a Tucumán obligaron al gobierno provincial a suspender las clases en todos los establecimientos educativos hasta el viernes inclusive, una medida que afecta tanto a escuelas públicas como privadas en todo el territorio. La decisión fue tomada por el Ejecutivo provincial ante el avance del temporal y los problemas de traslado que enfrentan docentes y estudiantes.
Sin embargo, más allá de la emergencia climática, la situación reabrió un fuerte debate sobre la infraestructura y la planificación del Estado provincial. En distintos puntos de Tucumán se registraron anegamientos, rutas cortadas, pueblos aislados y hasta evacuaciones, evidenciando una vez más la fragilidad del sistema de drenaje y de los caminos que utilizan miles de alumnos para llegar a las escuelas.
La suspensión de clases no solo impacta en el calendario educativo, sino que también pone en cuestión el relato oficial de una supuesta “educación de calidad”. Cada vez que llueve con intensidad, la provincia queda paralizada y los estudiantes pierden días de aprendizaje porque la infraestructura básica no está preparada para enfrentar fenómenos climáticos que se repiten todos los años.

Las críticas también apuntan a las prioridades del gasto público. Mientras Tucumán mantiene uno de los Concejos Deliberantes más caros del país, con altos costos políticos y administrativos, miles de chicos no pueden asistir a clases porque los barrios se inundan y los caminos rurales se vuelven intransitables.
Docentes y familias vienen advirtiendo desde hace tiempo que el problema no es nuevo. Las lluvias afectan especialmente al interior provincial, donde muchas escuelas dependen de caminos de tierra que quedan completamente anegados ante cada temporal.

En ese contexto, la suspensión generalizada de las clases vuelve a poner en evidencia una contradicción difícil de ocultar: mientras el gobierno provincial insiste en hablar de avances educativos, la realidad muestra que ante cada tormenta el sistema educativo se detiene.
Y una vez más, quienes pagan las consecuencias son los estudiantes tucumanos.
