La intendente y tiktoker de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, atraviesa su peor momento desde que asumió al frente del municipio. Según el último ranking de imagen positiva de intendentes federales correspondiente a febrero de 2026, difundido por CB Global Data, la jefa municipal muestra una caída significativa en su imagen, quedando relegada en la medición y evidenciando un fuerte desgaste de gestión.
Chahla registra un 57,2% de imagen positiva, pero con una tendencia negativa clara respecto a diciembre, cuando su aprobación era mayor. El dato no pasa desapercibido: mientras otros intendentes logran sostener o mejorar su valoración, la intendente capitalina aparece con flecha descendente, señal inequívoca de un deterioro en la percepción ciudadana.

La caída de imagen de la tiktoker Chahla coincide con un creciente malestar social en San Miguel de Tucumán. Problemas estructurales como la falta de seguridad, el deterioro del espacio público, la falta de planificación urbana y la ausencia de respuestas concretas en los barrios contrastan con una gestión más enfocada en la exposición en redes sociales que en soluciones reales.
Mientras la intendente prioriza una narrativa digital basada en videos, slogans y estética de campaña permanente, los vecinos reclaman gestión, orden y resultados. La ciudad continúa enfrentando calles en mal estado que cada vez que llueve se inunda, servicios deficientes y una sensación de abandono que se refleja con claridad en los números.
El ranking también deja en evidencia que Chahla pierde terreno frente a intendentes del interior del país que, con menos recursos y menor visibilidad mediática, logran mejores niveles de aprobación gracias a una administración más eficaz y cercana a las demandas reales de la población.
La pésima gestión empieza así a pasar factura. La caída abrupta en la imagen de la tiktoker Chahla no solo marca un límite al marketing político, sino que expone un problema más profundo: cuando no hay resultados, la comunicación ya no alcanza para sostener el poder.
En un escenario político cada vez más exigente, los números advierten que la paciencia social se agota y que la capital tucumana empieza a pedir algo más que videos virales: empieza a pedir gestión.
