Los radicales Mariano Campero y Pepe Seleme en un acto de desesperación frente al crecimiento de La Libertad Avanza Tucumán sellaron una alianza política que juega a favor del Peronismo tucumano dividiendo la oposición, lo que los pondría en la escena como los “nuevo Bussi” de la política.
La maniobra es interpretada como un acto de desesperación frente a la consolidación del mileísmo en la provincia. Al dividir el voto opositor, la alianza radical termina jugando objetivamente a favor del peronismo tucumano, un esquema que remite a viejas estrategias ya conocidas en la política local. De allí la comparación que empieza a circular con los “nuevos Bussi”: dirigentes que dicen enfrentarse al sistema, pero terminan sosteniéndolo.
El pasado político de Campero
Mariano Campero construyó toda su carrera dentro de la Unión Cívica Radical. Desde ese espacio accedió a cargos ejecutivos y legislativos, y fue una pieza activa de Juntos por el Cambio. Durante años, su discurso y su práctica estuvieron alineados con el radicalismo tradicional, sus estructuras, acuerdos y lógicas internas, aquello que desde La Libertad Avanza se identifica como “la casta política”.
Las críticas se profundizan al observar que su viraje discursivo no estuvo acompañado de una ruptura concreta con esas prácticas. Como intendente de Yerba Buena, Campero gobernó con esquemas clásicos de poder municipal, apoyado en estructuras partidarias históricas y negociaciones internas, muy lejos del ideario disruptivo que propone el mileísmo.
Pepe Seleme, el comodín político
El legislador Pepe Seleme enfrenta cuestionamientos distintos, pero complementarios. En menos de un año pasó de identificarse como radical a intentar incorporarse al espacio libertario. Al no encontrar lugar por persistir en las viejas prácticas de la política, terminó alineándose con Campero.
Su acercamiento al universo libertario es señalado como oportunista, ya que no formó parte del armado ni del discurso previo a la irrupción de Javier Milei en la escena nacional. A esto se suma un prolongado silencio en debates nacionales clave, evitando definiciones que pudieran incomodar al radicalismo tradicional, una actitud que choca con el perfil confrontativo y sin medias tintas que caracteriza al discurso libertario.
