El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, volvió a quedar en el centro de cuestionamientos por su extensa carrera política y el crecimiento de su patrimonio personal. Desde 1987, cuando asumió como intendente de Trancas con apenas 29 años, Jaldo ocupó de manera ininterrumpida cargos públicos: legislador, presidente de la Legislatura, ministro del Interior, vicegobernador, diputado nacional y gobernador.
El señalamiento más frecuente de sus detractores es que, en casi cuatro décadas, el dirigente peronista nunca se desempeñó en la actividad privada ni generó ingresos fuera del Estado. A esa crítica se suma la comparación entre su estilo de vida de los años noventa, considerado austero, y el patrimonio que exhibe desde 2013 en adelante.
En paralelo al crecimiento patrimonial de Jaldo, la realidad de Tucumán muestra un panorama crítico: barrios enteros con calles de barro intransitables, rutas destruidas, veredas rotas, falta de agua potable, cortes de luz constantes, ausencia de cloacas y gas natural en vastas zonas. Mientras los ciudadanos padecen las consecuencias de más de tres décadas de gestión peronista en la provincia, el gobernador multiplica propiedades y ostenta un nivel de vida muy distante del de la mayoría de los tucumanos.
Patrimonio en la mira
Según registros oficiales y versiones difundidas en medios y redes sociales, en la última década Jaldo declaró bienes de alto valor:
Casas de lujo en San Miguel de Tucumán.
Campos en Trancas.
Vehículos de alta gama.
Remodelaciones de magnitud en sus residencias.
El contraste genera polémica en una provincia donde, de acuerdo con los datos oficiales, más del 40% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza.
La polémica de los “ñoquis”
Otro de los ejes críticos apunta a su gestión como presidente de la Legislatura provincial, cuando se difundieron planillas con supuestos contratados “fantasma”. Según esas denuncias, familiares, amigos y punteros habrían cobrado sueldos estatales sin cumplir funciones, lo que derivó en el mote de “industria del ñoqui”.
En su biografía institucional, Jaldo se presenta como contador y productor ganadero. Sin embargo, opositores y vecinos cuestionan ese perfil, aludiendo que su principal fuente de ingresos provino del Estado.
Entre cuestionamientos y poder político
Para algunos, la carrera de Jaldo representa el llamado “milagro tucumano”; para otros, se trata de un caso de “enriquecimiento ilícito con fondos públicos”. En redes sociales, la crítica se sintetiza en expresiones como “señor feudal” o “Estado convertido en empresa familiar”.
Aun con esas controversias, el gobernador mantiene su peso político en Tucumán y su rol dentro del peronismo local, consolidado tras casi cuatro décadas en la función pública.


