La capital portuguesa quedó golpeada por una de las peores tragedias de su historia reciente. El miércoles 4 de septiembre, el histórico ascensor de la Gloria de Lisboa, un funicular con más de 140 años de antigüedad, se descarriló y se estrelló contra un edificio, dejando al menos 16 muertos y más de 20 heridos.

El accidente ocurrió alrededor de las 18:05 (hora local). Testigos relataron que un estruendo similar al de una bomba sacudió la zona, seguido de un “silencio absoluto y aterrador”. La icónica cabina amarilla y blanca quedó destrozada en medio de la calle, en una postal que Lisboa difícilmente olvidará.
De las 16 víctimas fatales, 11 eran extranjeros. Entre ellos se encontraban tres británicos, dos canadienses, dos surcoreanos, un estadounidense, un francés, un suizo y un ucraniano. El dato fue confirmado en la investigación preliminar de los forenses.
El funicular de la Gloria conecta la plaza de los Restauradores con el barrio alto de Lisboa, en un trayecto breve pero muy empinado que suele atraer largas filas de turistas. Con capacidad para 40 personas, funciona con dos cabinas conectadas por un cable que permite que una suba mientras la otra desciende.

Sin embargo, algo salió mal. Una testigo contó a la televisión portuguesa SIC que el funicular descendía “a toda velocidad” cuando chocó violentamente contra un edificio. El diario local Observador indicó que un cable se habría soltado durante el trayecto, lo que provocó la pérdida de control.
El primer ministro portugués, Luis Montenegro, definió lo ocurrido como “una de las mayores tragedias de nuestra historia reciente”. En un discurso televisado, aseguró que el dolor “va más allá de nuestras fronteras” y envió un mensaje de condolencias a los familiares de las víctimas extranjeras.
Lisboa, que el año pasado recibió más de 8,5 millones de turistas, ve afectado uno de sus símbolos más reconocidos. El ascensor de la Gloria no solo era un transporte histórico, sino un atractivo que condensaba parte de la identidad cultural de la ciudad.

El jueves fue declarado día de luto nacional. Por la noche, cientos de personas participaron en una misa solemne en la Iglesia de Santo Domingo, donde velas y oraciones acompañaron el dolor colectivo. Entre los asistentes estuvieron Montenegro, el presidente Marcelo Rebelo de Sousa y el alcalde Carlos Moedas.
Más allá de la conmoción local, lo ocurrido en Lisboa deja en evidencia los desafíos de mantener en condiciones infraestructuras históricas que, si bien son atractivos turísticos, requieren controles modernos y estrictos para garantizar la seguridad.
