La Universidad Nacional de Tucumán (UNT) cumple una semana de paro en adhesión a la medida convocada por la Conadu Histórica, que reclama aumentos salariales y mayor presupuesto para la educación superior. La protesta, que también alcanza al personal no docente, mantiene cerradas sedes y suspende por completo las clases y actividades en distintas facultades.
Si bien existe un sector que respalda plenamente el reclamo gremial, la mayoría de los estudiantes consultados insiste en que el paro los afecta de forma directa. La pérdida de clases, la interrupción de trámites administrativos y el cierre de bibliotecas son los problemas más mencionados.
En Psicología, Federico Luna advirtió que “faltan mecanismos que no impliquen suspender todas las clases”, y alertó que quienes están en los últimos años sienten que “el tiempo se acorta demasiado”. En Odontología, Mariana Ferreyra reconoció que no sigue de cerca la discusión gremial, pero cuestionó la pérdida de una semana entera de actividades.
En Medicina, Luciano Pérez señaló que “cada clase es clave” y que, si no se reprograma bien, el bache académico se arrastrará durante todo el cuatrimestre. En Ciencias Naturales, Sofía Acosta remarcó que recuperar ciertos contenidos no siempre es posible: “no es como leer un apunte en casa, hay procesos que se cortan”. En Bioquímica, Romina Aguilar resumió: “quiero que los docentes tengan mejores salarios, pero también quiero avanzar en mi carrera sin tantas interrupciones”.
En la UTN-Facultad Regional Tucumán, el impacto es menor porque el segundo cuatrimestre comienza la próxima semana. Aun así, Facundo Saavedra Corbalán advirtió que los paros continuos obligan a dar el programa en menos tiempo, afectando el aprendizaje. En Ingeniería Civil, Diego Villagra coincidió en que la protesta es legítima, pero reclamó instancias de negociación más rápidas para evitar que la situación se estanque.
Ezequiel Aguilera, estudiante de Derecho, sumó que más allá de valorar la universidad pública, muchas instituciones funcionan como “cajas negras” de la política, y que deberían aceptar auditorías para transparentar sus cuentas antes de discutir presupuestos. También recalcó que el paro “impacta de forma directa en los estudiantes” y genera mayor presión por la reprogramación del calendario.
Mientras las actividades gremiales continúan con ruidazos, clases públicas y movilizaciones, el consenso entre quienes priorizan la continuidad académica es claro: la protesta puede ser legítima, pero la interrupción prolongada de las clases afecta de manera significativa el desarrollo de las carreras.

Fuente: La Gaceta
