El mandatario paraguayo oficializó su dimisión tras una profunda convulsión política y económica desatada por la intervención de la entidad financiera. La pérdida de apoyo de su propio partido y la presión de las protestas ciudadanas aceleraron su salida.
Santiago Peña formalizó su dimisión a la jefatura de Estado de Paraguay, acorralado por una profunda crisis institucional y económica que se desató a raíz del colapso y la posterior intervención de Ueno Bank.
La caída del mandatario se concretó luego de que el oficialista Partido Colorado le retirara su respaldo de manera abrupta en las primeras horas del día. Este quiebre en el bloque gobernante ocurrió en simultáneo con el avance de un pedido de juicio político en el Congreso, impulsado por la oposición y alimentado por masivas protestas de ahorristas y sectores afectados que salieron a manifestarse en las calles de Asunción.
El epicentro del conflicto financiero giró en torno al desplome de Ueno Bank, una entidad que sufrió una severa corrida bancaria y una abrupta pérdida de solvencia, lo que obligó al Banco Central del Paraguay (BCP) a decretar su disolución y un proceso de resolución que incluyó el congelamiento de fondos. La gravedad del escenario escaló de forma exponencial al trascender la exposición de millonarios recursos públicos -pertenecientes a organismos previsionales y estatales- en el banco insolvente.
Ante la falta total de sostén legislativo y partidario, la situación derivó en negociaciones aceleradas entre los principales referentes del oficialismo para ordenar la transición. Con la renuncia consumada, el Congreso nacional quedó facultado para definir los pasos institucionales y designar a las autoridades que asumirán la conducción del Poder Ejecutivo paraguayo.
