El fenómeno de El Niño atraviesa una etapa de especial intensidad y alcanzó una categoría considerada “muy fuerte” por los parámetros utilizados para medirlo. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) advirtió que las condiciones podrían mantenerse durante toda la primavera, con posibles consecuencias sobre el comportamiento del clima en distintas regiones.
La señal más significativa está en las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial. Durante agosto, el agua registró anomalías superiores a los valores habituales y, en algunos sectores próximos a la costa sudamericana, los desvíos superaron los 3,5 °C.
El último informe del SMN ubicó al fenómeno dentro de la fase cálida del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) y señaló que los modelos climáticos proyectan su permanencia durante septiembre, octubre y noviembre de 2026. Para ese trimestre, la probabilidad de continuidad del fenómeno alcanza el 100%, mientras que los modelos anticipan una intensidad fuerte o muy fuerte.
¿Por qué se habla de un “Súper Niño”?
La denominación está relacionada con la magnitud de la anomalía térmica registrada en el Pacífico. El índice Niño 3.4 toma como referencia la temperatura de la superficie del mar y la compara con el promedio histórico correspondiente al período 1991-2020.
A partir de esa diferencia se establecen distintos niveles de intensidad: una anomalía de entre 0,5 °C y 0,9 °C corresponde a un Niño débil; entre 1 °C y 1,4 °C, a uno moderado; entre 1,5 °C y 1,9 °C, a uno fuerte; y desde los 2 °C, a una categoría muy fuerte, también denominada “Súper El Niño”.
La particularidad de esta temporada es que el calentamiento se intensificó en el Pacífico ecuatorial. Al mismo tiempo, los vientos alisios se debilitaron, lo que redujo el ascenso de aguas frías desde las profundidades y favoreció la acumulación de calor en la superficie.
Qué puede generar durante la primavera
Una de las principales preocupaciones asociadas a un episodio intenso de El Niño es la posibilidad de que se produzcan alteraciones significativas en los patrones habituales de precipitación y temperatura.
Los modelos mencionados por el SMN advierten sobre la posibilidad de eventos extremos, entre ellos períodos de lluvias intensas, inundaciones y también sequías en diferentes regiones del planeta. El impacto, sin embargo, no es uniforme: depende de la zona y de la interacción del fenómeno con otros factores atmosféricos.
Además de observar la temperatura del océano, los especialistas analizan la respuesta de la atmósfera. En este caso, el debilitamiento de los vientos alisios y los valores negativos del Índice de Oscilación del Sur constituyen señales que refuerzan la presencia de una fase cálida del ENOS.
Con el fenómeno ya instalado y los modelos proyectando su continuidad durante los próximos meses, el comportamiento del Pacífico será uno de los factores que los organismos meteorológicos seguirán de cerca durante la primavera de 2026.
