Secuestrado por más de 14 meses en Venezuela, el Gendarme Argentino Nahuel Gallo ofreció este miércoles su primera conferencia de prensa desde su regreso al país, tras haber sido liberado después de 448 días secuestrado por el régimen chavista en la temida cárcel El Rodeo I.
El encuentro con la prensa se realizó en el Edificio Centinela de la Gendarmería Nacional Argentina, acompañado por autoridades de la fuerza, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y otros funcionarios. Gallo, visiblemente conmovido, reafirmó que su salida de prisión no significa el fin de su lucha, sino apenas el comienzo de un proceso de recuperación física y emocional tras una detención que calificó de extrema.
En sus primeras declaraciones públicas, el gendarme destacó que se siente “bien de salud” pero todavía procesando la experiencia vivida. Agradeció el apoyo de su familia, de las autoridades argentinas y pidió expresar su testimonio para informar sobre lo que atravesó durante el cautiverio.
Gallo relató que, durante su tiempo en El Rodeo I —una prisión denunciada internacionalmente por las condiciones de detención de prisioneros políticos—, fue sometido a situaciones que describió como “tortura psicológica” y que aún hoy no se siente preparado para detallar públicamente todas las atrocidades que vivió allí. “El Rodeo 1 no es un lugar muy, muy bueno”, expresó, recordando el impacto que ese encierro tuvo en su mente y su espíritu.
Durante la conferencia también hizo un llamado emotivo: pidió que no se olvide a los 24 extranjeros que, según dijo, todavía se encuentran detenidos en esa cárcel venezolana y que —aseguró— siguen viviendo condiciones similares. “Hasta que no liberen a esos 24 extranjeros, yo todavía no estoy libre”, afirmó rotundo.
Gallo fue detenido en diciembre de 2024 por las fuerzas de seguridad venezolanas al ingresar al país con fines personales para visitar a su esposa y su hijo, tras lo cual permaneció incomunicado en El Rodeo I sin contacto regular con su familia ni asistencia consular. Su liberación, ocurrida a comienzos de marzo de 2026, se produjo en medio de un proceso de excarcelaciones promovido por las autoridades venezolanas y con la mediación de la Asociación del Fútbol Argentino en el traslado de regreso a suelo argentino, lo que despertó repercusiones diplomáticas para ambos países.
A su retorno al país, Gallo fue recibido por su esposa, su hijo y sus seres queridos en el aeropuerto internacional de Ezeiza, donde concluyó una larga espera de angustia y reclamos constantes por su liberación.
Su relato marca un hito en la historia del caso y refuerza la atención sobre la situación de los presos políticos extranjeros en Venezuela, al tiempo que abre un nuevo capítulo en su reinserción familiar y profesional tras una experiencia que él mismo calificó como “una prueba que dejará marcas para siempre”.
