Los actos encabezados por Osvaldo Jaldo y Juan Manzur dejaron en evidencia la división que atraviesa al peronismo tucumano. Mientras el gobernador reunió a unas 10.000 personas en el Hipódromo, el exmandatario convocó a cerca de 3.000 en Villa Luján. Dos liderazgos, dos estructuras y una disputa que podría profundizarse rumbo al 9 de mayo de 2027.
El Día de la Lealtad peronista dejó una postal que difícilmente pase inadvertida en la política tucumana: dos actos multitudinarios, dos liderazgos y un peronismo que, lejos de mostrar una imagen de unidad, exhibió las diferencias entre sus principales referentes.
Por un lado, Osvaldo Jaldo encabezó un acto en el Hipódromo de Tucumán, donde reunió a alrededor de 10.000 personas. Por el otro, Juan Manzur hizo lo propio en Villa Luján, con una convocatoria estimada en 3.000 asistentes. Dos escenarios distintos para una misma fecha, pero con un mensaje político que trasciende la celebración partidaria: ambos dirigentes buscan demostrar su capacidad de convocatoria y el peso de sus respectivas estructuras.
Jaldo y Manzur son dos caras de una misma moneda: representan distintas expresiones de un peronismo que lleva décadas en el poder en Tucumán y que hoy vuelve a mostrar sus profundas diferencias internas.
La disputa no se limita a una cuestión de protagonismo ni a las fotografías multitudinarias. Detrás de cada acto hay una pelea por el liderazgo y por el control político de un espacio que, pese a compartir una misma identidad partidaria, está lejos de mostrar una conducción unificada.
En ese escenario, la convivencia entre ambos referentes aparece como uno de los interrogantes centrales de la política provincial. Jaldo, desde el Gobierno, busca consolidar su liderazgo, mientras que Manzur mantiene sus propias aspiraciones y una estructura política con capacidad de movilización. Ambos cuentan con caudal político y herramientas para disputar el protagonismo dentro del justicialismo tucumano.
El 9 de mayo de 2027 aparece como una fecha decisiva. A medida que se acerque el calendario electoral, la definición de las candidaturas podría transformar las diferencias actuales en una confrontación abierta. La incógnita es si ambos sectores encontrarán una fórmula de convivencia o si terminarán midiéndose en una disputa por el liderazgo del peronismo provincial.
La fotografía del Día de la Lealtad dejó una señal clara: la unidad partidaria está lejos de quedar garantizada. Los dos actos mostraron que existen liderazgos diferenciados, estructuras propias y una interna que continúa abierta.
En definitiva, el peronismo tucumano enfrenta un desafío que va más allá de llenar estadios y demostrar capacidad de convocatoria. Debe resolver quién conduce y cómo llegará a las elecciones de 2027. Si las diferencias no encuentran una salida política, la disputa entre Jaldo y Manzur podría convertirse en uno de los principales capítulos de la próxima contienda electoral.
