Desde su asunción, Milei impulsó un programa basado en emisión cero, superávit fiscal, acumulación de reservas, baja de impuestos, liberación de importaciones y eliminación del cepo, con el objetivo de derrotar la inflación y reordenar la economía.
Desde el inicio de su gestión, el presidente Javier Milei puso en marcha un plan de estabilización que busca modificar de raíz el funcionamiento macroeconómico del país. El eje central fue cortar con la práctica de financiar el déficit mediante emisión monetaria, una dinámica que durante años alimentó la inflación. Con la decisión de avanzar hacia la emisión cero, Milei envió una señal clara al mercado: el Banco Central no volvería a imprimir dinero para cubrir el rojo fiscal.

La política monetaria se complementó con un fuerte ajuste del gasto público que permitió alcanzar superávit fiscal primario en los primeros meses de gestión. El orden de las cuentas se convirtió en una prioridad estratégica. Para Milei, el equilibrio fiscal no es negociable y constituye la base para evitar crisis recurrentes. La premisa es simple: si el Estado no gasta más de lo que recauda, no necesita endeudarse ni emitir, lo que reduce presiones inflacionarias y cambiarias.

En paralelo, el Gobierno avanzó con la acumulación de reservas a través de la compra de dólares en el mercado. Esta estrategia apuntó a fortalecer la posición externa del país y garantizar el pago de compromisos asumidos en años anteriores, incluidos los vencimientos de deuda contraídos durante la gestión de Alberto Fernández. Milei planteó que honrar esas obligaciones sin recurrir a nueva deuda es clave para recuperar credibilidad y mejorar la percepción internacional sobre Argentina.
Otro frente de acción fue el tributario. La administración impulsó la eliminación de impuestos considerados distorsivos y la reducción de alícuotas con el objetivo de aliviar la carga sobre el sector privado. Milei sostiene que la presión fiscal excesiva funcionaba como un obstáculo para la inversión, el empleo y la formalización. Bajo esta lógica, la baja de impuestos busca dinamizar la actividad económica y ampliar la recaudación a partir del crecimiento y no de mayores cargas.

La apertura comercial también formó parte del nuevo esquema. La liberación de importaciones redujo trabas administrativas y permitió un mayor ingreso de bienes e insumos. El Gobierno argumenta que más competencia implica mejores precios y mayor eficiencia, contribuyendo a desacelerar la inflación. Para Milei, cerrar la economía solo generaba escasez y sobrecostos que terminaban pagando los consumidores.
Uno de los cambios más significativos fue la eliminación del cepo cambiario. La normalización del mercado de cambios apuntó a terminar con distorsiones, brechas y restricciones que afectaban decisiones de inversión y comercio exterior. Milei defendió la idea de un tipo de cambio libre como condición necesaria para recuperar previsibilidad y atraer capitales.
En conjunto, el programa económico combina disciplina fiscal, prudencia monetaria y desregulación. Milei sostiene que la estabilidad no se logra con controles de precios ni intervenciones discrecionales, sino con reglas claras y respeto por los equilibrios básicos. El enfoque prioriza el rol del sector privado como motor del crecimiento y reduce la intervención estatal en la asignación de recursos.
A lo largo de estos meses, Milei consolidó un rumbo que busca romper con ciclos de inflación alta, déficit crónico y endeudamiento recurrente. Con emisión cero, superávit fiscal, acumulación de reservas, baja de impuestos, apertura comercial y eliminación del cepo, el Gobierno plantea un cambio estructural orientado a sentar bases sólidas para una economía más estable y competitiva.
