La última crecida del río Lules provocó nuevos daños en la ruta provincial 321, donde parte de la banquina fue socavada y el asfalto quedó comprometido, generando preocupación entre los vecinos que residen en la zona conocida como la “primera curva”. El episodio ocurrió tras intensas lluvias y volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad del sector ante eventos climáticos de magnitud.
Según relataron residentes del lugar, durante la noche de la crecida el caudal del río aumentó de manera significativa, arrastrando piedras, troncos y sedimentos. La situación obligó a permanecer en alerta durante varias horas ante el avance del agua y el ruido generado por la corriente.
A pocos kilómetros de las viviendas, el impacto sobre la infraestructura vial es visible. La banquina prácticamente desapareció en algunos tramos y el borde de la calzada presenta un marcado desnivel, producto de la erosión causada por el agua. En el lecho del río, maquinaria pesada trabaja en tareas de remoción de material, en un operativo que busca restablecer las condiciones de seguridad en la ruta.
El desborde del río Lules generó cortes parciales de tránsito, afectó el tendido eléctrico y dificultó el acceso tanto al Balneario Municipal como a la Quebrada de Lules. Además, reavivó reclamos de larga data por parte de los habitantes de la zona, quienes advierten que las crecidas no son episodios aislados, sino recurrentes.
Vecinos con más de dos décadas de residencia en el lugar recordaron inundaciones anteriores, entre ellas la ocurrida antes de 2020, que obligó a la construcción de un desagüe para evitar daños en las viviendas. Señalan que las obras actuales consisten, en muchos casos, en la reposición de material sin estructuras de soporte suficientes, lo que facilita su desplazamiento ante nuevas crecidas.
En paralelo, relevamientos técnicos y análisis de imágenes recientes indicaron que los sectores más afectados por el desborde coinciden con áreas donde en los últimos años se realizaron extracciones de áridos dentro del cauce del río y su planicie de inundación. Estos estudios identificaron puntos donde el río avanzó hasta ubicarse a menos de 20 o 30 metros del asfalto.
Uno de los focos observados se encuentra en la cantera denominada La Quebrada, donde se detectaron montículos de material y huellas de camiones en zonas próximas al cauce activo. Desde el ámbito técnico se advierte que la extracción no controlada de áridos puede modificar la dinámica natural de los ríos de montaña, favoreciendo la erosión lateral y el desplazamiento del curso de agua hacia áreas sensibles.
El geólogo Juan Gramajo, de la Dirección de Minería de la provincia, indicó que la situación se encuentra bajo análisis. Señaló que se están realizando vuelos con drones para comparar el comportamiento del río antes y después del último temporal, con el objetivo de identificar las zonas más comprometidas y planificar medidas de protección a largo plazo, especialmente sobre el margen derecho del cauce.
Mientras continúan los trabajos de recuperación y evaluación técnica, el río Lules permanece bajo monitoreo ante la posibilidad de nuevas lluvias, en un contexto donde la seguridad vial y la protección de las viviendas siguen siendo motivo de atención para autoridades y vecinos de la zona.

