El legislador y candidato a diputado nacional Javier Noguera volvió a cuestionar las políticas del presidente Javier Milei y aseguró que el peronismo “llega fortalecido” a las elecciones. Sin embargo, sus declaraciones generan polémica por el contraste entre su discurso y la realidad del municipio que gobernó durante ocho años, Tafí Viejo, hoy sumido en una profunda crisis social y estructural.
Mientras acusa al Gobierno nacional de “profundizar los problemas económicos y sociales”, Tafí Viejo continúa padeciendo falta de servicios básicos como agua, luz, gas y cloacas, calles destrozadas y barrios enteros en condiciones de abandono. La situación no es nueva: es el resultado de una gestión municipal que él encabezó durante dos mandatos, y que ahora continúa bajo la conducción de su esposa, Alejandra Rodríguez.
En ese contexto, la crítica de Noguera hacia Milei por la “falta de resultados” en menos de dos años de gestión luce, cuanto menos, incoherente. Más aún si se tiene en cuenta que el Gobierno nacional, sin mayoría en el Congreso, solo logró aprobar una ley en medio de una resistencia política feroz de los mismos sectores que hoy reclaman soluciones inmediatas.
Tafí Viejo no es la excepción, sino el reflejo de lo que ocurre en toda la provincia de Tucumán, gobernada por el peronismo desde hace 36 años consecutivos. Detrás del discurso de “defender al Estado” y “cuidar a los trabajadores”, los tucumanos siguen padeciendo pobreza, desocupación, inseguridad y servicios colapsados, mientras las gestiones justicialistas se reparten cargos, poder y beneficios.
Por eso, cuando Noguera acusa al presidente de “profundizar los problemas del país”, muchos ciudadanos se preguntan:
¿no fue precisamente el peronismo el que gobernó Tucumán durante casi cuatro décadas dejando a la provincia entre las más pobres de la Argentina?
¿No es una falta de autocrítica hablar de “modelo fracasado” mirando hacia Buenos Aires, cuando el propio Tafí Viejo vive ese fracaso hace años?
Criticar desde la comodidad del poder provincial a un presidente que enfrenta el aparato político más resistente del país no es valentía ni compromiso: es hipocresía política. Y los tucumanos, que conviven a diario con la pobreza estructural y la falta de servicios básicos, ya aprendieron a reconocerla.
