Un informe del Servicio Meteorológico Nacional analiza el comportamiento histórico de las precipitaciones en el Noroeste Argentino y advierte que los excesos de lluvia podrían extenderse desde noviembre hasta febrero durante un episodio fuerte o muy fuerte. Tucumán y las provincias de la región deberán seguir de cerca la evolución de las condiciones climáticas.
El Noroeste Argentino (NOA) podría atravesar meses de precipitaciones intensas durante la temporada 2026-2027, en un contexto marcado por la posible intensificación del fenómeno de El Niño. De acuerdo con el informe de climatología del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), diciembre y enero aparecen como meses clave por la posibilidad de que se registren excesos de lluvia en la región.
El organismo analizó el comportamiento histórico de las precipitaciones durante distintos episodios de El Niño y encontró diferencias según la intensidad del fenómeno. En los eventos fuertes y muy fuertes, la señal de exceso de lluvias en el NOA puede extenderse de noviembre a febrero, aunque diciembre y enero concentran una parte importante de las anomalías positivas.
Qué dice el historial de El Niño en el NOA
El informe del SMN estudia los registros de precipitaciones entre 1981 y 2025 y compara los patrones observados durante diferentes episodios de El Niño. En ese período se identificaron 14 eventos en Argentina: cinco débiles, cuatro moderados y cinco fuertes o muy fuertes.
A diferencia de otras regiones del país, como el Litoral y la zona núcleo, donde El Niño suele asociarse con precipitaciones abundantes durante buena parte del ciclo, el NOA presenta un comportamiento más variable. El impacto depende de la intensidad del fenómeno y de la época del año.
Según el análisis histórico, durante los eventos fuertes los excesos de lluvia se concentran principalmente entre diciembre y enero. Cuando se consideran en conjunto los episodios fuertes y muy fuertes, la señal de precipitaciones superiores a las habituales puede extenderse desde noviembre hasta febrero.
En cambio, durante algunos eventos moderados, la región registró déficits de lluvia entre enero y abril. Esta diferencia muestra que la presencia de El Niño no implica necesariamente el mismo resultado en todas las temporadas.
Un invierno más húmedo de lo habitual
Uno de los aspectos que destaca el informe es que el NOA llegó a la primavera con condiciones de humedad atípicas. Aunque el invierno suele corresponder a la estación seca de la región, durante este año se observaron condiciones inusualmente húmedas que continuaron con anomalías positivas en septiembre.
Este punto de partida genera especial atención de cara a los próximos meses, cuando las precipitaciones comienzan a aumentar habitualmente en el noroeste argentino.
El documento también explica que El Niño se relaciona con el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Esa variación modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de lluvia en distintas partes del mundo.
Sin embargo, la intensidad del fenómeno no determina por sí sola cuánto lloverá en cada provincia. Para conocer el impacto concreto en Tucumán y el resto del NOA, será necesario seguir las actualizaciones de los pronósticos y los informes oficiales.
Diciembre y enero, bajo la lupa
Las previsiones analizadas sitúan el cierre de la primavera y el comienzo del verano como un período clave para la evolución de las precipitaciones en el NOA. Si se consolida un episodio fuerte o muy fuerte de El Niño, las lluvias podrían mantenerse por encima de los valores habituales durante varios meses.
Para Tucumán, el seguimiento de las condiciones meteorológicas será importante ante la posibilidad de precipitaciones persistentes y acumulados elevados. De todos modos, el informe histórico no permite afirmar por sí solo que se producirán inundaciones ni anticipar con precisión cuánto lloverá en una localidad determinada.
La evolución del fenómeno durante las próximas semanas permitirá precisar el escenario. Mientras tanto, diciembre y enero se perfilan como los meses centrales de vigilancia climática para una región que ya presenta condiciones de humedad superiores a las habituales para esta época del año.
