Un desarrollo científico basado en un análisis de sangre promete mejorar de forma significativa la precisión en el diagnóstico del Alzheimer, al permitir diferenciar con mayor exactitud las distintas etapas de la enfermedad y reducir errores clínicos.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, desarrolló un test que combina dos biomarcadores —p-tau217 y eMTBR-tau243— logrando disminuir los falsos positivos del 43% al 16%, según un estudio publicado en The Lancet Neurology. Este avance permite distinguir con mayor claridad entre pacientes con deterioro cognitivo inicial y aquellos que ya presentan la enfermedad en fases más avanzadas.
El método representa un salto frente a técnicas previas, que si bien detectaban alteraciones cerebrales con años de anticipación, no lograban precisar el estadio del Alzheimer ni diferenciarlo de otros trastornos neurológicos. Con esta nueva combinación, la precisión del diagnóstico alcanza cerca del 80%, mejorando notablemente la confiabilidad en la identificación de casos.
El biomarcador p-tau217, uno de los ejes del estudio, está vinculado a la acumulación anormal de la proteína tau en el cerebro, característica central del Alzheimer. Los investigadores también observaron que el 97% de los pacientes con niveles elevados de este marcador presentaban depósitos de amiloide, otro indicador clave de la enfermedad.
Además de mejorar el diagnóstico, el test permite anticipar la evolución del cuadro: los pacientes que presentan ambos biomarcadores muestran un deterioro cognitivo más acelerado, lo que aporta información valiosa para el seguimiento clínico.
El estudio incluyó a 572 personas con deterioro cognitivo y fue validado posteriormente en un grupo independiente en Estados Unidos. Aunque por ahora requiere técnicas avanzadas como la espectrometría de masas, los científicos trabajan en simplificar el procedimiento para su aplicación en sistemas de salud de uso cotidiano.
El avance resulta especialmente relevante en un contexto donde el Alzheimer representa entre el 60% y el 70% de los casos de demencia a nivel mundial. Una herramienta más precisa no solo mejora el tratamiento, sino que también permite planificar mejor la atención sanitaria y acompañar de manera más efectiva a pacientes y familias.
