El ejército de Israel anunció que está llevando a cabo ataques simultáneos en Teherán e Beirut, golpeando objetivos militares iraníes y posiciones vinculadas al movimiento Hezbolá en medio de la escalada del conflicto regional.
Israel lanzó una operación aérea coordinada que impactó en dos capitales clave del mapa estratégico de Medio Oriente: Teherán y Beirut. Según reportes oficiales, los bombardeos en Irán apuntaron contra instalaciones vinculadas a la Guardia Revolucionaria y centros logísticos que, de acuerdo a inteligencia israelí, estarían involucrados en el suministro de armamento hacia Hezbolá. En paralelo, en los suburbios del sur de Beirut —zona de fuerte presencia del grupo chiita— se registraron múltiples explosiones tras ataques dirigidos a depósitos y centros operativos.

El gobierno de Israel afirmó que la ofensiva fue “preventiva y quirúrgica”, destinada a frenar la transferencia de misiles de precisión y drones hacia el Líbano. En las últimas semanas, el norte israelí había sufrido lanzamientos constantes de cohetes y ataques con vehículos aéreos no tripulados, atribuidos a Hezbolá.

Desde Teherán calificaron la acción como una “agresión directa” y prometieron represalias, mientras que Hezbolá confirmó nuevos disparos hacia territorio israelí horas después de los bombardeos. La situación encendió alarmas en Washington y Bruselas, donde temen que Israel haya cruzado un umbral que transforme los enfrentamientos indirectos en un choque regional abierto.
Con Israel atacando en simultáneo a dos frentes estratégicos, el conflicto deja de ser periférico y entra en una fase mucho más peligrosa. La pregunta ya no es si habrá respuesta, sino cuán amplia será.
