La jornada electoral de ayer tuvo una protagonista indiscutida que no llevaba el nombre de ningún candidato: la Boleta Única de Papel (BUP). Su debut a nivel nacional no solo fue exitoso, fue una demostración contundente de que la transparencia y la eficiencia son posibles cuando existe la voluntad política de terminar con la trampa.

Este logro histórico del gobierno del Presidente Javier Milei tiene un arquitecto clave: el Ministro del Interior, el tucumano Lisandro Catalan. Fue Catalan quien, por encargo directo del Presidente, lideró la titánica tarea de implementar un sistema que la vieja política había bloqueado durante décadas, precisamente porque atentaba contra sus aparatos clientelares.
La BUP superó todas las expectativas. El Gobierno Nacional y la Justicia Electoral coincidieron en que la herramienta limitó drásticamente el impacto de las estructuras partidarias, eliminó vicios como el robo de boletas y agilizó el proceso de manera notable.
El propio Presidente Javier Milei lo destacó: “Se hizo estrenando un nuevo sistema de votación, que es la Boleta Única Papel, que nunca se había podido pasar y contrario a lo que es el incentivo de los oficialismos, porque termina con la trampa”.
“Nosotros dijimos que lo íbamos a hacer y lo hicimos. Porque estamos a favor de un sistema democrático transparente”, afirmó el mandatario.
El éxito se vio en los datos duros. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, anunció a las 21:00 que ya se había escrutado más del 90% del país. Una cifra impensada con el sistema anterior, donde a esa misma hora en 2021 apenas se superaba el 35%.
La Cámara Nacional Electoral, que impulsa la BUP desde 2007, celebró el “debut exitoso”, destacando que “garantiza la oferta electoral, pone en igualdad de condiciones a las agrupaciones políticas y permite la libertad de elección de la ciudadanía”.
La reacción en Tucumán: “Ágil y transparente”
Aquí en Tucumán, la reacción de los votantes que experimentaron por primera vez el sistema nacional fue impresionante. Los reportes en las escuelas y las opiniones de los ciudadanos coincidían: fue ágil, transparente y rápido.
Se terminaron las colas en los cuartos oscuros “limpios”, la especulación por las boletas rotas y la necesidad de los partidos de reponerlas. El temor, fogoneado por la oposición, de que el sistema sería “confuso” para la gente mayor, quedó totalmente desmentido: los niveles de voto nulo y recurrido fueron idénticos a los de 2021 (cerca del 2%).
La BUP demostró que el único perjudicado es el “aparato”. El analista Federico Aurelio la ubicó como una de las “ganadoras” de la jornada, afirmando que “con este instrumento las estructuras pierden valor”.
Mientras la transparencia celebraba, los únicos que se quejaron fueron los perjudicados por el fin de la trampa. El gobernador kirchnerista Axel Kicillof fue una de las pocas voces críticas. “Esto es más caro y además es nuevo, con lo cual ahí en la cola me decían todas las dudas de cómo votar”, se lamentó, justo después de que la BUP facilitara una dura derrota para su espacio en la provincia de Buenos Aires.

El éxito rotundo de la BUP a nivel nacional, impulsada por un tucumano como Lisandro Catalan, debe interpelarnos como provincia. Mientras el país avanza hacia un sistema que da libertad al votante y golpea a los punteros, Tucumán sigue atada a un sistema arcaico, tramposo y feudal.
Sería más que interesante que la política provincial tome nota. Este sistema, probado y exitoso, debería implementarse también acá en Tucumán. Es la herramienta ideal para terminar definitivamente con el nefasto y fraudulento sistema de acoples, que solo sirve para confundir al electorado y perpetuar a la misma casta en el poder. La libertad y la transparencia ya ganaron a nivel nacional; es hora de que lleguen a nuestra provincia.
