El empate en La Ciudadela aseguró el pasaje de San Martín al Reducido, aunque entre silbidos, reproches y un clima de frustración que reflejó más dudas que certezas.
San Martín empató 1-1 con Quilmes en La Ciudadela y consiguió la clasificación al Reducido, pero el resultado estuvo lejos de ser celebrado. El equipo de Mariano Campodónico, envuelto en impotencia y silbidos de su propia gente, mostró una vez más las falencias que arrastra durante toda la temporada.

El encuentro tuvo un inicio parejo, hasta que Quilmes —sin presiones y solo por orgullo— golpeó primero. Federico Pérez sorprendió en un córner y con un remate preciso puso en ventaja al “Cervecero”. El “Santo” reaccionó gracias a Franco García, quien forzó un penal que Darío Sand transformó en gol con un potente disparo. Sin embargo, más allá del empate, el local nunca logró imponerse.
El segundo tiempo expuso todas las dificultades del equipo: imprecisión en el medio, desconexión en ataque y un exceso de delanteros que dejaron al equipo desbalanceado. Quilmes, con oficio, se dedicó a enfriar el partido y selló un empate que dejó un sabor amargo en La Ciudadela.
El final fue elocuente: tumultos en la popular de Pellegrini, jugadores envueltos en discusiones y un público que despidió con silbidos. Aunque la igualdad significó el séptimo puesto y el boleto al Reducido, la sensación predominante fue la de una nueva oportunidad desperdiciada.

El próximo sábado, frente a San Miguel, el “Santo” está obligado a ganar si quiere mejorar su posición y evitar los cruces más duros en la fase final. De lo contrario, el empate de ayer quedará grabado como otro reflejo de un equipo que todavía no encuentra respuestas.
