El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, vuelve a estar en el centro de la polémica política nacional tras oficializar su sexta candidatura testimonial. A lo largo de casi dos décadas, Jaldo ha construido un historial único en la política argentina: se presenta, gana elecciones con su nombre en la boleta y, una vez asegurado el caudal de votos, renuncia sin ejercer el cargo. Una práctica que constituye una estafa sistemática al electorado.
Un historial de renuncias
La primera candidatura testimonial de Jaldo se remonta a 2007, cuando fue electo legislador provincial, pero renunció para asumir como ministro del Interior en la gestión de José Alperovich. Dos años después, en 2009, repitió la maniobra: ganó como diputado nacional y volvió al mismo ministerio, dejando la banca vacante. En 2011, tras resultar nuevamente electo legislador provincial, renunció una vez más para regresar al gabinete provincial.
En 2013 volvió a ganar como diputado nacional, pero directamente no asumió la banca y se quedó en Tucumán al frente del Ministerio del Interior hasta el final del ciclo alperovichista. En 2017 la historia se repitió: obtuvo una banca en Diputados, pero permaneció como vicegobernador. Ahora, en 2025, encabeza la lista de candidatos a diputados nacionales por “Tucumán Primero”, mientras ejerce como gobernador.
Este recorrido le ha valido el mote de “candidato testimonial serial”, con lo que muchos analistas aseguran que Jaldo ya ostenta un “récord Guinness propio” en la materia.
Una práctica cuestionada
La candidatura testimonial no es ilegal, pero está fuertemente cuestionada por su impacto en la calidad democrática. Consiste en que un dirigente se presenta como candidato, utiliza su nombre y su caudal político para arrastrar votos, pero no tiene intenciones de ocupar el cargo para el que fue electo. En el caso de Jaldo, la recurrencia con la que ha recurrido a este mecanismo es lo que genera mayor rechazo.
En las elecciones legislativas de 2013 y 2017, Jaldo ni siquiera llegó a “calentar la banca”. En 2021 perdió protagonismo tras una interna con Juan Manzur y se replegó. En 2023 aprovechó la boleta para llegar a la gobernación. Ahora, en 2025, regresa al Congreso en los papeles, pero efectivamente no asumiría la banca.
El rechazo ciudadano
Una encuesta reciente mostró que 6 de cada 10 tucumanos rechazan de plano la práctica de las candidaturas testimoniales, considerándolas una burla a la voluntad popular. En las calles, el malestar se traduce en la percepción de que se trata de un “engaño repetido”, donde se vota a una persona que luego nunca asume la responsabilidad para la que fue elegida.
Incluso desde el propio ámbito institucional, el vicepresidente de la Cámara Nacional Electoral cuestionó públicamente la práctica, al advertir que genera un quiebre en el vínculo de confianza entre votante y representante.
Las críticas de La Libertad Avanza
La oposición libertaria ha sido especialmente dura con Jaldo. Desde que comenzaron a circular las versiones de una nueva candidatura testimonial, referentes de La Libertad Avanza advirtieron que se trataba de una maniobra para engañar nuevamente a los votantes. Una vez oficializada la lista, las críticas se intensificaron.

El propio presidente Javier Milei calificó estas candidaturas como una “estafa al electorado”, y dirigentes libertarios locales han definido a Jaldo como un “delincuente serial de la política”. Según señalan, cada candidatura testimonial es una muestra de “doble moral”, donde se utiliza el voto ciudadano como herramienta de poder sin asumir las responsabilidades que corresponden.
El factor político
En la lista de este año, Jaldo se presenta acompañado por dirigentes, que también usarían esta practica en esta oportunidad, como Javier Noguera, Elía Fernández de Mansilla, Carolinas Vargas Aignase, Miguel Acevedo y con el exgobernador Juan Manzur como suplente. La fórmula exhibe la alianza entre dos figuras que hasta hace apenas dos años estaban enfrentadas, con denuncias mutuas de corrupción y acusaciones cruzadas.

Para los libertarios y otros sectores opositores, este armado confirma que en el peronismo tucumano “todo vale” con tal de conservar poder, incluso si para eso deben reciclar viejas prácticas cuestionadas.
Una adicción política
Jaldo sostiene una conducta que se asemeja a la de un estafador serial: cada vez que tiene la oportunidad, vuelve a postularse para luego renunciar, como si se tratara de una adicción a un mecanismo que le garantiza votos y poder, pero que erosiona la confianza pública.
A punto de encarar su sexta candidatura testimonial, el gobernador tucumano parece decidido a repetir la historia, aun cuando una mayoría de ciudadanos ya rechaza de plano este tipo de prácticas.


