El 29 de diciembre, los dueños de un reconocido taller en San Miguel de Tucumán vivieron un momento amargo cuando ladrones ingresaron al local ubicado en la calle Thames al 300, sustrayendo alrededor de $30 millones en efectivo, según relataron los propietarios.
El robo ocurrió durante la madrugada, y los delincuentes utilizaron una escalera en el frente de la casa vecina al taller para trepar la medianera, realizar un hueco en el techo e ingresar a una habitación en la planta alta. Se llevaron el aparato que almacenaba los videos de las cámaras de seguridad y una cantidad de dinero estimada entre $30 y $40 millones. Los propietarios suponen que los ladrones salieron por el techo, ya que no parece factible que hayan salido por la parte delantera.
El dueño del taller, Ramón, descubrió el desastre al abrir el lugar por la mañana. Las autoridades fueron notificadas, pero la familia expresó su descontento con la falta de respuesta y presencia policial posterior al suceso. Aunque se realizaron pericias y declaraciones, la familia se siente desamparada.
La familia no descarta la posibilidad de que haya sido una entrega debido a la modalidad del robo y los elementos específicos que fueron sustraídos, como el aparato de las cámaras de seguridad. Aunque no tienen registros de las cámaras del lugar, han podido acceder a algunas imágenes de cámaras instaladas por vecinos de la cuadra.
El Taller Crespi, con más de 65 años de existencia en la calle Thames, nunca había experimentado un robo de tal magnitud. La familia expresó su temor y preocupación, ya que el dinero sustraído representaba los ahorros de toda una vida.

Una vecina cercana, en diálogo con el diario La Gaceta dijo que se sorprendió al ver la escalera en la entrada de su vivienda la mañana del 29. “Esa noche llovía un montón, entonces yo me encerré en la habitación con el aire y me llevé a los perros conmigo, si no, ellos hubieran ladrado y capaz los ahuyentaban”, explicó. Además, agregó que durante la madrugada sintió un ruido, pero que pensó que era la lluvia. “Nunca me imaginé que estaban entrando a robar. Por acá no suelen entrar a las casas o andar por los techos; es tranquilo en ese sentido, por eso no pensé nada raro”, advirtió.
