La consultora que durante años trabajó para los gobiernos peronistas de Tucumán vuelve a medir la provincia. Su nuevo estudio ubica a Osvaldo Jaldo con 50,1% y a La Libertad Avanza con apenas 31,2%. El antecedente de Alperovich y Manzur vuelve a poner bajo la lupa a una encuesta que beneficia al oficialismo.
Hay encuestas que son simplemente números. Y hay otras que, por la historia de quien las firma, obligan a mirar algo más que los porcentajes.
Hugo Haime & Asociados volvió a medir Tucumán y el resultado es contundente: Osvaldo Jaldo aparece con 50,1% de intención de voto, mientras que la fórmula de La Libertad Avanza, encabezada por Lisandro Catalán, queda en 31,2%. Una diferencia de 18,9 puntos que, casualmente, vuelve a colocar al gobernador peronista en una posición de enorme comodidad electoral.
El problema para la consultora es que Haime no llega a Tucumán con una hoja en blanco.
En 2019, La Gaceta recordó que Hugo Haime había sido consultor de la administración de Julio Miranda, de los tres mandatos de José Alperovich y de Juan Manzur, y lo definió como “desde hace dos décadas, el encuestador del gobierno tucumano”.
La historia viene todavía de más atrás. En 2003, Página/12 publicó una encuesta de Hugo Haime que colocaba a José Alperovich, entonces candidato oficial del peronismo, como favorito para quedarse con la Gobernación. El mismo artículo señalaba que la consultora trabajaba habitualmente para candidatos del justicialismo.
Es decir: el nombre es viejo conocido del poder peronista tucumano.
Una encuesta que vuelve a sonreírle al oficialismo
El nuevo estudio, realizado sobre 800 casos entre el 24 de julio y el 1 de agosto, muestra un escenario ampliamente favorable para Jaldo.
El PJ-Jaldo/Acevedo aparece primero con 50,1%, mientras que LLA-Catalán/Molinuevo, con apoyo de Milei, alcanza 31,2%. La UCR queda en 6,4%, Fuerza Republicana en 4,3% y la izquierda en 2%.
Pero no es solamente la intención de voto.
El mismo estudio le otorga a Jaldo 58% de aprobación, 55% considera correcta la dirección de su gobierno y 53% se define como adherente a su gestión.
Una fotografía prácticamente perfecta para el oficialismo.
¿Casualidad o una vieja receta?
Nadie puede afirmar que una encuesta sea falsa simplemente porque su resultado favorezca a determinado candidato. Tampoco existe, a partir de este estudio, una prueba que permita sostener que Haime haya manipulado sus números.
Pero hay algo que sí puede analizarse: los antecedentes del encuestador y el patrón de sus mediciones en Tucumán.
En 2015, un medio tucumano llegó a definir a Haime como el “encuestador de cabecera” de Alperovich y recordó que trabajaba para el entonces gobernador desde años atrás.
En 2021, La Gaceta volvió a señalar que Haime realizaba estudios para la Casa de Gobierno desde la época del alperovichismo.
Y ahora, más de una década después, la misma consultora vuelve a publicar una medición que ubica al actual gobernador peronista muy por encima de La Libertad Avanza.
El dato que incomoda
Hay, además, un elemento que merece ser observado.
El estudio le asigna a Javier Milei apenas 40% de aprobación en Tucumán, contra 57% de desaprobación. Sin embargo, cuando se analiza exclusivamente a quienes aprueban al Presidente, la fórmula Catalán-Molinuevo alcanza el 68,4% de intención de voto. Entre quienes desaprueban a Milei, apenas llega al 4,5%.
El núcleo libertario, entonces, aparece claramente identificado.
La pregunta política es cuánto de ese electorado puede crecer y cuánto representa realmente el escenario de 31,2% que plantea Haime.
Jaldo gana en la encuesta. Haime vuelve a quedar bajo la lupa.
El gobernador tiene una ventaja importante en esta medición. Eso es un dato.
Pero también es un dato que quien vuelve a ponerle números al escenario tucumano es un consultor con una relación histórica documentada con el poder peronista provincial.
Haime trabajó para Miranda, Alperovich y Manzur. Ahora sus números vuelven a favorecer al oficialismo, esta vez bajo el gobierno de Jaldo.
¿Es simplemente una fotografía de la realidad electoral?
¿O estamos ante otra encuesta que, como tantas veces ocurrió en Tucumán, termina funcionando también como una herramienta política?
La respuesta la tendrán las urnas.
Mientras tanto, una cosa es segura: cuando el que mide lleva más de dos décadas midiendo para el poder, los números pueden discutirse. Y los antecedentes, mucho más.
